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Esther Alonso

Ser o Tener

Esther Alonso


Aborto

13/07/2022

No se lo cuentes a nadie hasta transcurridas, por lo menos, las primeras doce semanas. Esa es la primera consigna que se suele dar a una mujer en uno de los momentos más apasionantes de su vida, cuando descubre que está embarazada de un bebé deseado. Se entera entonces de que, según la estadística, entre un quince y un veinte por ciento de las gestaciones terminan en aborto espontáneo. 

Nunca entendí muy bien por qué es mejor no compartir la alegría de los primeros días salvo con el círculo más íntimo, como si al hacerlo y tener la mala fortuna de que el embarazo pasara a formar parte de este nada desdeñable porcentaje, hiciera que la culpa de la desgracia fuera de la madre. Como si al contarlo y tener la mala fortuna de perderlo, hiciera sentir a la madre peor que si sucediera habiendo guardado el secreto. Como si al contarlo, aumentaran peligrosamente las posibilidades de esa fortuna mala.

La decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos de retroceder en los derechos de las mujeres norteamericanas derogando la protección constitucional al aborto seguro, legal y efectivo, ha vuelto a poner encima de la mesa un tema que en muy pocas ocasiones se aborda desde el punto de vista de la interrupción espontánea, porque ésta continúa siendo un tabú por los siglos de los siglos amén. 

Ha sido la estrella de Hollywood Sharon Stone quien en una reciente entrevista ha revelado que sufrió nueve abortos fortuitos, algunos de ellos en un estado de gestación muy avanzada, antes de lograr ser madre de tres hijos, en su caso, por adopción. Y quien ha traído hasta esta columna ese duelo sin ojos ni oídos ni boca, que se asume desde la tristeza más privada, desde la pena más íntima, pero desde el disimulo más público, que es el de aparentar que no ha sucedido nada, dejando la responsabilidad de terminar con el desconsuelo a la trituradora implacable del silencio.

Pero el silencio es como una fregona sucia, que solo logra limpiar lo grueso, lo que se ve en el rostro, pero no lo que de verdad escuece, quema o raja, lo que se queda adherido a las esquinas del útero, perdón, quería decir, del alma.

ARCHIVADO EN: Aborto, Estados Unidos