Ser o Tener

Esther Alonso


Distintos

28/05/2020

Mantengo un recuerdo difuso de un remoto 23 de febrero de 1981. Extremadamente preocupada, aquella tarde mi madre no nos dejó salir a jugar, como solíamos hacer cuando nos lo permitían los últimos coletazos de esos duros inviernos burgaleses en los que el calentamiento global aún no formaba parte de nuestras pesadillas.  
Algo distinto ocurría, desde luego, pues mi padre regresó del trabajo mucho más temprano de lo habitual y en la televisión ponían una película tras otra para regocijo de los niños, que nos movíamos inquietos entre el desasosiego de los adultos y la emoción de descubrir que fuera lo que fuera lo que sucedía, era lo suficientemente importante como para no acudir al colegio al día siguiente.
Más vigente mantengo aquel aciago 11 de marzo de 2004, en el que el extremismo religioso se convirtió en terrorismo y una célula yihadista asesinó en Madrid a 193 personas e hirió a miles, dejando en la retina de todos los españoles la mácula de un horror que nunca imaginamos presenciar; incluyéndonos en esa amenaza que creíamos localizada en unas lejanas torres que solo tres años antes habíamos visto derrumbarse en directo como si fueran naipes que la mano de un niño hace caer con un avión de juguete.
De forma traumática, aunque silenciosa, estos dos capítulos impactaron sobre nosotros de una forma que probablemente hizo evolucionar nuestra personalidad social hacia una dirección no prevista…. Y no me refiero a los resultados de las elecciones generales que se sucedieron después de ambos acontecimientos, sino a una forma de ser como colectivo, como comunidad, como país, que provocó que principios como la libertad, la igualdad y la tolerancia avanzaran o retrocedieran en un sentido u otro.
Desde una dimensión radicalmente diferente, el tsunami sanitario, emocional y económico de la COVID-19 está impactando ya en nuestra forma de percibir, asumir y defender esos principios. Y tan segura estoy de que se amoldarán como plastilina al miedo, como me gustaría estarlo de lo contrario. Igual que sucedió con el 23F y el 11M, estos últimos meses nos han cambiado para siempre, y aunque todavía nos creamos parecidos, cuando regresemos del todo a la cotidianidad veremos que somos extrañamente distintos.



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