Ni siquiera una pandemia nos ha privado de ese clásico estival que es el macho ibérico a pecho descubierto en cualquier rincón urbano. Léase: hombre, generalmente entrado en años, que pasea con su camisa de manga corta o camiseta amarrada al cinturón o a la goma del pantalón corto. Este verano sí se está dando la particularidad de que hay casos en los que el atuendo se acompaña de mascarilla;en otros el ‘top less’ es total.
El porqué de este hábito urbano se me escapa, no lo comprendo, pero más allá de que sea de mal gusto, indecoroso o algo que, sencillamente, no quiero ni tengo necesidad de ver, estos días en los que me estoy cruzando cada tarde con un ejemplar -él pasea, yo entro a trabajar- me pregunto si no es también algo machista. O, cuando menos, una cuestión de género.
Antes de que se me revuelva el gallinero y salte el primer ‘ya estamos todo el día con lo mismo’ -eso también es un clásico, pero atemporal- planteo un ejemplo gráfico: pareja de amigas, vamos a poner de más de 50 años (pero podrían ser menos), que han hecho el circuito de Fuentes Blancas y vuelven a su casa por la avenida Derechos Humanos, la del Arlanzón o cualquier otra con camiseta/blusa/camisa y sujetador, obviamente, atados a la cintura. ¿Cuál sería la reacción de viandantes o conductores? ¿Qué se comentaría a su paso?¿Habría gestos sorprendidos, risas, corrillos, comentarios de mal gusto o incluso increpaciones? 
Son preguntas retóricas, porque todos conocemos las respuestas. Las convenciones sociales, lo correcto y lo incorrecto, lo normal y lo anormal, en este país -no sé en otros- se han construido sobre la desigualdad. Y lo que en un hombre ni se cuestiona, en una mujer resulta escandaloso; es algo tan cotidiano que ni siquiera reparamos en ello. La imagen del paseante a pecho descubierto no me gusta ni en hombres ni en mujeres, pero no entro en si está bien o mal. Solo afirmo que es una evidencia más de lo mucho que nos queda por avanzar en esta materia. Buen verano