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Belén Marticorena

Sobreviviendo en la Jungla

Belén Marticorena


Extinción

30/09/2022

No sé qué pensarán ustedes, pero levantarse cada día con un susto para el cuerpo no debe ser sano, aunque lo cierto es que con tantos seguidos estamos como anestesiados y no pueden hacernos mucha más mella en nuestro ya desgastado ánimo.

Y con estas, me planteo que nos dirigimos sin pausa, como ya les ocurrió a los dinosaurios, hacia la extinción de nuestra especie. Nos estamos cargando, click a click, nuestra forma de vida, que no era perfecta, pero nos llevaba hacia el llamado bienestar social. Y para colmo, con nuestras actuaciones estamos dejando el planeta hecho un auténtico basural, lo que parece que tampoco tiene ya una fácil solución.

Con este panorama, las quisicosas y mil promociones electorales de los políticos me parecen una mera anécdota, porque estando en un período tan crítico como este, en vez de darnos soluciones innovadoras, lo único que hacen es publicitarse en un black friday constante de haber quién da más y de peor calidad por el mismo precio, todos con la misma propuesta estrella, que como siempre, es la posible bajada de los impuestos.

Hace tiempo que viviendo en su burbuja, donde nada les llega, desconocen las verdaderas prioridades de las personas de a pie y de la vida real en la que nos movemos. Ahora mismo, hacer la compra o el simple hecho de no pasar frío este invierno, se han convertido en una cuestión prioritaria para un gran número de ciudadanos. En este escenario, me temo que estamos destinados a la extinción, porque cubrir estos mínimos nos va a impedir pensar en tener niños, y sin ese recambio, tan necesario como vital para que este tinglado siga funcionando, nos vamos al carajo, seguro.

Decidir entre niños o necesidades mínimas vitales será una difícil opción para nuestros jóvenes, que podrán sustituir esta elección por una mascota, una nueva aplicación informática, un robot, o lo que se tercie. Tal vez este pesimismo sea porque me estoy olvidando, como los políticos, de una fuerza incontrolable y que todo lo puede, y aunque sé que suena cursi, es posible que finalmente solo nos quede para salvarnos, el amor. Pues nada, apostaré todos mis números a esta fuerza que nunca defrauda, a ver si gano algo.