Cuando llueve se moja como los demás

ALMUDENA SANZ / Burgos
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La voz de los colectivos en Burgos: Discapacidad. Se reivindican como personas de pleno derecho y reclaman la acción de los políticos para ejercerlos y disfrutarlos como el resto de la sociedad

Alberto Llorente, Erika Frei Pardo, Lola Villanueva y Ana Caballero (de i. a d.) exponen un buen número de peticiones a los candidatos conscientes de que queda mucho por hacer en el campo de la discapacidad. - Foto: Alberto Rodrigo

El patio de su casa es particular, pero cuando llueve se moja como los demás. Y por eso, las personas con discapacidad quieren tener acceso a todos los derechos, como los demás. No sueñan alto. Lo hacen muy con los pies en la tierra. Ansían medidas tan sencillas como el arreglo de una acera, la presencia de una intérprete de lengua de signos en el pregón de las fiestas de San Pedro, programas electorales de lectura fácil, rebaje de bordillos para no volcar con la silla de ruedas, hacer uso de los baños adaptados sin necesidad de declarar su discapacidad al solicitar una llave... También más empatía por parte de algunos ciudadanos. Pero eso, mucho se temen, se escapa de cualquier promesa. 

A todas estas reivindicaciones las ponen voz Alberto Llorente, trabajador del Centro Especial de Empleo de Servigest, Ana Caballero, representante de Aspanias en el Foro de personas con discapacidad intelectual de Castilla y León, Lola Villanueva, miembro de la Asociación de Afectados de Esclerosis Lateral Amiotrófica de Castilla y León (Elacyl), y Erika Frei Pardo, socia de la Asociación de Familias de Personas Sordas Aransbur, con interpretación de Egle Püvi. 

Para empezar, Caballero recuerda a los candidatos que sus programas deben ser accesibles a todos los ciudadanos. «Esto consiste en comunicar de una forma clara, entendible para todas las personas con dificultades de comprensión, no solo para personas con discapacidad sensitiva, sino también para mayores o extranjeros que no conozcan el idioma», expone antes de pedir a los políticos todos los apoyos precisos para garantizar su acceso a todos los programas del Ayuntamiento, como la posibilidad de ocupar un puesto de trabajo en su administración. Una oportunidad que ella sí ha tenido. «Pero es para muy pocos, con contratos parciales y a corto plazo», lamenta y afirma sentirse privilegiada. «Ojalá en un futuro próximo las entidades públicas y privadas den a personas con discapacidad como yo la misma oportunidad», desea. 

Sí la tuvo Llorente, que para no acaparar, plantea una necesidad muy a ras de calle: la mejora de las aceras de los polígonos industriales. «Están muy machacadas. A personas con silla de ruedas o problemas de movilidad les cuesta mucho llegar, tanto en Villalonquéjar como Gamonal», destaca este trabajador, quien, aunque su prótesis le permite caminar, necesita silla de ruedas para determinados desplazamientos. 

A estos problemas de movilidad se suma Villanueva. Anota que en más de una ocasión se las ha visto y deseado para avanzar. La paralizan los insuficientes rebajes de los bordillos, el incorrecto desnivel de algunas aceras y los 'obstáculos humanos'. Y es que, se cuela Llorente, aunque para la mayoría de los ciudadanos es imperceptible, todas las aceras tienen una pequeña inclinación para que corran las aguas.  

La situación ideal en accesibilidad queda lejos. Llorente y Villanueva coinciden en apuntar algunos puntos negros como la inadaptación de algunos comercios, la escasez de plazas en los autobuses, la incomprensión de los ciclistas cuando utilizan el carril bici, por donde se deslizan mejor las ruedas...  

Pero, sin embargo, el mayor lamento de la usuaria de Elacyl radica en el civismo de los ciudadanos: «Lo peor que te encuentras son los peatones. No respetan nada. Ni se apartan. Se te meten en medio. Se quedan mirando el móvil y no presta atención a quien viene». Un comportamiento para el que tiene la solución: «Debería haber clases para educar a los peatones». 

Frei Pardo introduce ahí la particularidad de las personas sordas, cada una con unas necesidades especiales concretas, algunas invisibles (unas solo usan lengua oral, otras de signos, unas tienen implantes, otras audífonos, algunas no usan nada...), y, por tanto, unas barreras distintas. 

Expone la necesidad de más intérpretes de lengua de signos, imprescindibles para acceder a la campaña electoral, acudir al hospital, hacer gestiones en las administraciones, participar de las actividades de los centros cívicos o vivir el pregón de las fiestas de San Pedro, donde el año pasado se olvidaron de ellos. Pide igualmente la disponibilidad en las instituciones de bucles magnéticos, máquinas que amplifican los sonidos y silencian el ruido, signoguías en todos los museos, subtítulos en toda la programación televisiva local y todas las proyecciones de cine... 

«Si hablamos de una inclusión total debe ser siempre. Nosotros tenemos nuestra discapacidad y nos enfrentamos a las mismas barreras los siete días de la semana las 24 horas», remacha Llorente. 

Un consejo que aglutine. Él mismo plantea la oportunidad de un consejo formado por todas las asociaciones y centros especiales de empleo para canalizar todas sus necesidades y como un vehículo de comunicación con el Ayuntamiento. 

El resto aprueba la moción y llama la atención sobre el esencial papel de las asociaciones. 

Caballero recalca que cada vez son más visibles precisamente por ese tejido asociativo, no por la acción de las instituciones. «Realmente son las asociaciones y las familias las que pelean por demostrar que pertenecemos a esta sociedad como personas de pleno derecho y con todos los derechos que tienen los demás ciudadanos», recalca e insta a los políticos a acercarse y conocer a las personas con discapacidad. «Seguro que más de uno se lleva una gran sorpresa».