Siempre con el guion por escribir

ALMUDENA SANZ / Burgos
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Reclaman a los políticos medidas que agilicen la tramitación administrativa, altura de miras para valorar los proyectos más allá de los beneficios económicos, acercamiento a su trabajo lejos de estereotipos, atención a los nuevos lenguajes...

Laura Sagredo, Sarah Rasines, Fran de Benito y Regina Peñacoba (de i. a d.) piden más sensibilidad hacia las propuestas creativas. - Foto: Luis López Araico

Cuenta con los intérpretes más versátiles y las mejores localizaciones, pero a la película protagonizada por la Cultura en la ciudad le falta un guion definitivo y directores que consigan llevarlo a su máxima expresión. Eterna cantinela. Fran de Benito, actor y presidente de La Parrala; Laura Sagredo, portavoz de Metal Castellae, organizadora del Festival Zurbarán Rock; Regina Peñacoba, presidenta del Comité de Folclore, directora de Justo del Río y de los Danzantes de Burgos; y Sarah Rasines, artista, investigadora y gestora cultural, reclaman esa mirada general por encima de visiones particulares, una adecuada financiación con la convicción de que revertirá en la sociedad y una puesta en valor del trabajo de quienes intervienen en ella. A partir de este boceto, cada uno interpreta y expresa en voz alta su papel. 

Aparece primero en el plano Sagredo. El Zurbarán Rock ha posicionado a Burgos en el mapa del heavy. Lo suyo les ha costado. «Hemos roto todos los estereotipos y conseguido que no nos vean como demonios». Superado este escollo, tiene clara su «demanda estrella»: «Echamos mogollón de menos un espacio público de conciertos, similar a El Hangar, pero gestionado directamente por el propio Ayuntamiento, para que las agrupaciones locales podamos organizar eventos que no tengan por qué tener una finalidad económica». 

Asiente De Benito y se suma a esta secuencia. «La cultura no tendría que estar siempre ligada al beneficio económico. Cómo vas a descubrir nuevas propuestas que no son de masas si no las puedes mostrar. Es necesario ese espacio para que corrientes sin visibilidad tengan la oportunidad de llegar al público», entona y replica Sagredo la importancia de esa oportunidad para los proyectos emergentes. 

A este tren se sube la jefa de los folcloristas. Lo ve más necesario que nunca tras la pandemia, «que nos ha dejado a todos medio cojos y medio ciegos», y suma el vagón de las subvenciones. O, apostilla, la falta de ellas. 

«Ya no existen. Desaparecieron completamente para asociaciones de todo tipo y todo tipo de eventos culturales», lamenta Peñacoba y en ese hilo denuncia Sagredo que las que se mantienen no se plantean como medida de fomento, «sino que se resuelven a posteriori». Y concluye: «Un Ayuntamiento como el de Burgos, que aspira a ser Capital Europea de la Cultura, debiera tener una línea de subvenciones y bien gestionadas». 

Esa candidatura abre la segunda toma. Y bajo la luz la coloca De Benito, que la aplaude. «Puede estar muy bien, pero debería primar el objetivo cultural y no tanto el político. Siempre hay un interés por el bombo que se puede conseguir (social y turístico, aportan sus compañeras) y no se tiene en cuenta lo que la cultura puede suponer de evolución y transformación de la sociedad», desarrolla y el resto hace suyas estas palabras. Quizás, sugiere Rasines, falta creer realmente en ese poder transformador de la cultura. Quizás... 

David contra Goliat podría ser el título del tercer capítulo que protagoniza la cultura en la política municipal. Y ese melón lo vuelve a abrir el presidente de La Parrala. 

«Hay un gran problema a nivel administrativo. Va todo muy, muy lento», advierte y enseguida encuentra el respaldo de su homóloga del Comité de Folclore. «Y muy difícil. Ahora casi tienes que contratar a un gestor para cualquier cosa», apostilla antes de que continúe el actor. «Tú haces un trabajo para el Ayuntamiento y te pagan muy tarde. Tienes que tener siempre un colchón del que no toda la gente dispone», prosigue, consciente de que la Ley de Transparencia -«está bien, pero hay que buscar una manera más efectiva»- ralentiza todo. Una tardanza, alerta, que hasta se ha convertido en la comidilla entre las compañías foráneas. 

Más comprensiva, Sagredo pone sobre la mesa la carencia de personal. «Es generalizada en toda la Administración. El área de Cultura está desangelada. Hacen falta más técnicos. Los que hay trabajan bien, pero falta personal. No tienen tiempo para estar todo lo que debieran con los colectivos en la calle y palpar las distintas sensibilidades», dibuja y apuesta por bajar al barro, por trabajar la cultura desde la base, para que llegue a todos. 

Arte contemporáneo. Porque a todos no llega. Se escucha en ese punto el lamento de Rasines. «Aquí existe otra cosa que es el arte contemporáneo. En esta ciudad no tiene cabida. Hay que crear un contexto. Se nos llena la boca con la Capitalidad Europea, pero primero tienes que dar un valor a la gente que está trabajando y tener en cuenta que el arte tiene una misión bastante objetiva, que es un cambio profundo en la sociedad. El artista en esta sociedad sigue siendo el tipo bohemio que no sabe por dónde va. Y esto no es real. Queda mucho por hacer», se explaya la creadora, nada optimista. 

«Requiere un cambio súper profundo, no existe la sensibilidad que sí he visto en otros territorios. Hay que empezar de cero. Ahí sí que hay un reto», remacha y subraya Peñacoba: «Y muy grande, porque esta es una ciudad muy conservadora».

Rasines, de acuerdo, enfatiza que, por esta razón, ese trabajo es responsabilidad de las instituciones, sí, pero también de la sociedad. 

Y es De Benito quien enciende los focos sobre la necesidad de empezar por la educación. «La percepción que hay en general del arte es que se hace por pasar el rato o porque hay una subvención. Nos ven como los subvencionados, y no es así, vivimos de nuestro propio trabajo», se queja molesto con esa imagen estereotipada. 

Enquistada, en opinión de Rasines, en Burgos. «En el País Vasco, Barcelona o Madrid no he escuchado hablar de cobrar una subvención de forma peyorativa. Se entiende que realizas un trabajo que va a reportar un beneficio a la sociedad y no hay ningún problema. El problema está aquí, y permanente», desarrolla la artista y avisa el actor de que ese beneficio, aunque para él no es el más importante, también es económico. «A veces a los políticos les importa tanto esta cuestión del dinero...», deja caer. 

Todas coinciden y resaltan la reversión económica a la sociedad de los acontecimientos culturales. No se van muy lejos con los ejemplos: Zurbarán Rock y Festival de Folclore. 

Pisar la calle. Paso a paso, el debate llega a si los políticos conocen qué se hace en la ciudad. Lo dudan. «Lo que se desconoce no se puede poner en valor. De alguna manera se pueden crear encuentros, para que los políticos y la sociedad en general se acerquen a nuestro proceso creativo», propone De Benito. 

No se le escapa, y por si acaso se lo apunta Rasines, que, al final, a esas llamadas solo acuden los de siempre. «El problema es cómo lo acercas a la gente que no tiene interés», se pregunta y Sagredo le presta la fórmula mágica de Metal Castellae con el heavy. «Popularizarlo y meterlo en las fiestas tradicionales. Ese ha sido nuestro camino. ¿Cómo hacerlo? Con un trabajo de pico y pala con las administraciones. Volvemos a lo mismo», resalta esta activista que empezó con el Valdorrock. 

Si todo lo que lleva el apellido contemporáneo se topa con una cuesta en su camino, ¿se encuentra la tradición con uno de rosas? 

Peñacoba niega la mayor. Se sabe en una posición privilegiada respecto a otras disciplinas. La mayoría de la gente sí conoce, sí ha visto, alguna manifestación de folclore. «El apoyo municipal hasta ahora ha sido irregular, pero no ha dependido de colores políticos», traza antes de enfocar a las asociaciones más allá de la joya de la corona, el Festival de Folclore, que, con sus más y sus menos, aguanta. 

«Ahí sí nos hemos visto muy abandonadas, no solo por el Ayuntamiento, sino por todas las administraciones, por la Diputación, que ya no subvenciona las actuaciones en los pueblos, y por la Junta de Castilla y León, que tiene la cultura tradicional más rica de Europa y es la que menos la apoya. Es tristísimo», siente.

Los planos podrían continuar. Hay mucho argumento por desarrollar. To be continued