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Roberto Peral

Habas Contadas

Roberto Peral


Qué papelón

25/10/2021

Hace ya tiempo que los modernos oráculos predicen la inminente desaparición del papel, y con él la de soportes tan venerables como los libros en los que aprendimos a descubrir otros mundos y los periódicos como el que acaso ahora mismo tiene usted entre las manos. Los dispositivos electrónicos, dicen, pondrán los bosques del planeta a resguardo del ansia insaciable del ser humano: al fin y al cabo, ya puede usted leer tan a gusto Los hermanos Karamazov en su ordenador casero, consulta las cartas de los restaurantes en su teléfono móvil, firma contratos por medios digitales y hasta ha dejado en buena medida de usar billetes, porque le resulta más cómodo el comercio online, las tarjetas de plástico y las nuevas aplicaciones de intercambio de dinero. La era Gutenberg ha muerto, sostienen los gurús de costumbre, y las pantallas devuelven el reflejo de la última revolución en marcha.

Pero, por acelerados y profundos que sean los cambios que traen consigo los nuevos tiempos, no todos nos acompasamos del mismo modo a los ritmos que imponen. Algunos seguimos enterrando la nariz entre las páginas de nuestras viejas novelas en busca del glorioso olor a celulosa y lignina que tan dichosos nos hace, mientras otros no pueden contener su impaciencia por dar definitiva sepultura al anticuado papel. Estos últimos parecen proliferar últimamente en el Ayuntamiento de Burgos: al pirómano que, sin encomendarse a Dios ni al diablo, entregó a las llamas un buen número de documentos oficiales del servicio municipal de aguas se ha unido ahora Julio Rodríguez-Vigil, concejal sobre el que recae la sospecha de haber hecho desaparecer papeles clave de algunos expedientes sancionadores con la aviesa intención de favorecer a los empresarios contra los que iban dirigidos.

El ya exconcejal de Ciudadanos ha sido obligado a abandonar el equipo de Gobierno, pero ha resuelto conservar su acta y hacer la guerra por su cuenta en el Ayuntamiento como edil no adscrito, acaso en la absurda creencia de que el personal lo ha votado directamente a él y no a la lista blindada que en su día presentó su partido a las elecciones. Ese papel también ha quedado hecho trizas; será, qué le vamos a hacer, el signo de los tiempos.