Habas Contadas

Roberto Peral


Capdevila y el miedo

06/07/2020

Han trascurrido ya diez años desde los sucesos de Johannesburgo y seguimos profesando una gratitud rendida a Xavi y a Iniesta, a Casillas y a Ramos, a Villa y a Puyol, a los nombres más ilustres de aquel equipo irrepetible que nos convirtió en campeones del mundo. Y, sin embargo, cuando el sábado festejemos el aniversario de aquel torneo sudafricano que enterró para siempre todos nuestros atávicos complejos de inferioridad futbolística, a muchos nos despertará una sonrisa franca el recuerdo del más humilde de todos aquellos jugadores, el lateral izquierdo Joan Capdevila, un bienhumorado tipo de pueblo que se paseaba por los estadios como si le hubiese tocado el premio gordo de un concurso televisivo y alucinaba delante de las cámaras porque había visto pasar a Shakira.

No sabemos qué habrá sido del bueno de Capdevila, porque diez años son muchos y ha pasado mucha agua bajo el puente en todo este tiempo. También nuestra sociedad es otra en muchos aspectos: repare usted, por ejemplo, en que en 2010 todavía fumábamos sin recato en el interior de cafeterías y restaurantes, y faltaban aún unos cuantos meses para que el 15M transformara radicalmente la bipartidista escena política española. Los servicios de mensajería instantánea no se habían generalizado, ni mucho menos las aplicaciones de pago con el móvil, así que usábamos los teléfonos para algo tan anticuado como realizar y recibir llamadas, y el cortejo sexual se seguía practicando a pie de barra y no en ese magma cibernético al que hemos trasladado buena parte de nuestros hábitos sociales y de consumo.

También es nueva la resaca que nos ha deparado la pandemia del coronavirus y el miedo que hoy padece un importe sector de la ciudadanía, que provoca en ocasiones reacciones desmedidas e irracionales que exceden las lógicas medidas precautorias que todos debemos observar. Qué distinto resulta ese miedo, por desgracia, de aquel jocoso y simulado pánico que parecía provocar en el modesto Capdevila, antes de cada partido, la excelencia técnica de sus compañeros de selección: «Xavi, por el amor de Dios, si por casualidad te paso un balón, bajo ningún concepto se te ocurra devolvérmelo».

 



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