Señales de vida

María Jesús Jabato


Delibes en noviembre

06/11/2020

Si hace dos semanas traíamos a esta columna a Pérez Galdós rememorando el centenario de su muerte y las vinculaciones con Burgos de alguna de sus obras, hoy toca traer a Miguel Delibes, al que estos días dedica una exposición el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, en relación con los artículos del escritor publicados en Diario de Burgos. La debida antelación que requiere la entrega de estas líneas al periódico nos ha impedido ver la muestra antes de escribirlas, pero sin duda en ella habrá rastro de un artículo dedicado a los entierros, que cobra triste actualidad ahora, que nos recorre noviembre como un escalofrío y el coronavirus cosecha caídos para su fúnebre estadística. 
Decía Delibes en 1962 que los españoles perdemos mucho tiempo de trabajo asistiendo a funerales y proponía reducir los ceremoniales, «simplificar la muerte de los muertos para mejorar la vida de los vivos», de forma que en lugar de ahondar en el ritual de las efusivas condolencias y los pésames, se dedique el tiempo a «levantar la economía del país» y «remontar un siglo de liberalismo inoperante». Para el escritor los funerales son «un buen motivo de contacto social»; el fútbol -decía- y los entierros son dos posibilidades de concentración multitudinaria. Y tenía razón, pero esto era antes del virus, antes de las distancias sociales y las restricciones de aforo, porque ahora el fútbol está desprovisto del caliente barroquismo del público en las gradas y la muerte es más fría y melancólica, más al estilo de Bécquer: … ante aquel contraste/ de vida y misterios/ de luz y tinieblas/ medité un momento,/ ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!  
No sabemos qué opinaría Delibes de los actuales funerales, constreñidos a la mínima expresión por imperativo sanitario, pero su sentido del periodismo le obligaba a «criticar, molestar y aguijonear al sistema», siempre susceptible de mejora. Era el periodismo como reproche, como guerrilla, también ahora, en este vírico noviembre, marea alta de la tristeza. 
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