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Guillermo Arce

Plaza Mayor

Guillermo Arce


Amazon también

20/07/2022

Uno de los fenómenos más extraordinarios y disruptivos vividos en los últimos años ha sido la universalización del comercio electrónico: la posibilidad de comprar cuando, donde y como se quiera cualquier cosa que se quiera, con la máxima seguridad en la transacción y que llegue a casa incluso en horas, sean días de labor, domingos o festivos. El antojo ha alcanzado su máxima expresión con el e-commerce, que mueve miles y miles de millones en facturación, miles y miles de camiones y furgonetas por todo el planeta y llena gigantescas plataformas donde almacenar desde el más sesudo de los tratados de anatomía hasta un pack de papel higiénico a un precio arrebatador. 

En una ciudad como Burgos, tradicionalmente tan justa de variedad, marcas y precios, la llegada de las compras por ordenados ha hecho la puñeta a muchos y felices a muchos más. Ha cerrado muchas tiendas y también ha abierto muchas otras y generado empresas especializadas en el mundo del marketing, la imagen, la comunicación... Incluso algunos negocios han crecido a tamaños inimaginables, multiplicando sus ingresos y plantillas en muy poco tiempo.  

Esta revolución ha tenido y tiene un nombre, Amazon, la plataforma que ha entrado a formar parte de nuestras vidas hasta transformarlas para siempre. Que levante la mano quien no haya comprado en Amazon, que levante la mano quien no haya repetido las compras, que levante la mano quien no haya descubierto el placer de comprar cualquier cosa desde el sofá, desde la cama o desde el trono de los alivios. Qué magnífico negocio. 

O no. El gigante parece que tose últimamente, echa el freno -eso dicen- y suspende planes de expansión de su red logística, en España y otros países. La crisis también fluye a través del comercio electrónico y quizá más intensamente. Se compra menos y el negocio baja. Al parecer, todos somos mortales.