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Inés Praga

Esta boca es mía

Inés Praga


Ir al cine

01/04/2022

Fue durante décadas una ceremonia y una cita ineludible en nuestro calendario. Antes no se concebía un fin de semana o un día de fiesta sin ir al cine, con todo el ritual que esto suponía. Los más viejos recordarán aquella gozosa excursión de ir a ver la cartelera y embelesarse con los fotogramas, que anticipaban aventura y emoción. Y luego venía la cola de las entradas y la magia de la sala oscura con una pantalla enorme que parecía que atravesábamos, igual que la protagonista de La Rosa Púrpura del Cairo. Nadie hablaba, ni sonaban los teléfonos, ni se paraba jamás la proyección. El público se entregaba totalmente a esa fábrica de sueños que durante dos horas nos ofrecía un viaje sin levantarnos de la butaca. Y no acababa ahí: después íbamos a comentar la peli con amigos, un vino o una cerveza y arreglábamos el mundo, nos reíamos o nos dolíamos juntos. Qué tiempos. 

Y sin embargo eso era anteayer, aunque parezca un siglo. Ya sé que últimamente nos hemos hinchado a ver cine en casa, haciendo varias pausas para contestar whatsapps o sacar la ropa de la lavadora. Pero díganme la verdad, ahora que no nos oye nadie: ¿no creen que lo de las plataformas es un sucedáneo, igual que los ligues virtuales? Porque la grandeza del cine es que, además de ser un arte, crea un punto de encuentro en estos tiempos de pesadumbre. Habrán notado que las calles están cada vez más vacías y que nuestros Domingos rezuman ya esa tristeza y esa soledad que antes solo sentíamos cuando estábamos en el extranjero. 

Quizá no valoremos la oferta cinematográfica de Burgos que, cosa rara ya en España, mantiene salas bien situadas con ciclos de gran interés, bastante por encima de la programación comercial. Vaya desde aquí nuestro aplauso y nuestro ánimo para que sigan imaginando nuevas fórmulas, de modo que la gente levante el culo (con perdón) del sillón y salga a compartir el ocio y la vida. 

Porque si algún día cierran los cines habrá desaparecido otro de los (pocos) puntos de encuentro que nos quedan. Y no hablo solo por la tercera edad (aunque también). Si es Ud. de ese nutrido pelotón que vive en el sofá y que entra en pánico cuando se pierde el mando de la tele, vaya al médico. 

O mucho más sencillo: vaya al cine.