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Inés Praga

Esta boca es mía

Inés Praga


La llegada del tren

24/06/2022

En 1896, en la sala oscura de un café parisino, se proyectó La llegada de un tren a la estación de La Ciotat, una película muda de 50 segundos con la que los hermanos Lumiére inauguraban el cine. Y desde entonces, hemos visto en la pantalla mil historias sobre las estaciones y el bullicio de las despedidas y los reencuentros. Porque hay algo solemne, y a la vez entrañable, en esos dos actos cruciales que son llegar y partir. ¿Se acuerdan, por ejemplo, del americano que se baja del tren al comienzo de El Hombre Tranquilo? ¿O la despedida con que se inicia El secreto de sus ojos? ¿O ese romance que se entreteje con los silbidos del tren en la magistral Breve Encuentro?   

Pero, aunque las estaciones ya no son lo que eran, quizá ninguna suscite menos emociones que la de Burgos, por fin bautizada con el nombre correcto de aquella gran mujer que fue Rosa Manzano. Un complejo faraónico en medio de la nada que, cuando llueve, solía cubrir el hall con sendos cubos de plástico (sic) para recoger las goteras. El inefable espectáculo ha dejado ahora paso a un sistema de alambradas y andamios para arreglar la cubierta que acentúa, si cabe, ese aire soviético del edificio. A ello sin duda contribuye la desolación del paisaje circundante, el frío en interiores y exteriores y la inexistencia de cualquier placer básico como un cafetito, un pincho de tortilla o un periódico. Nada. No les cuento si el tren trae mucho retraso o si se viaja de noche. De haberla conocido, Alfred Hitchcock hubiera rodado aquí alguna película.

Pero no es mi intención echar más leña al fuego de la estación, que siempre arderá como la llama de un gran error para Burgos, porque ahora lo que interesa es la inminente (?) llegada del AVE. Y digo yo que la mejor manera de celebrar la efeméride sería hacer más acogedor ese hall tan inhóspito. Imprescindible un buen servicio de cafetería y un servicio de prensa, como en toda estación que se precie, y una distribución más cómoda de los asientos para las esperas. Pero sobre todo, autoridades competentes, retiren cuanto antes ese amenazador andamiaje propio de la NASA que preside la estación.  Si no, me temo que los viajeros se volverán al tren, horrorizados, con la misma velocidad con que llegaron a Burgos. Aunque ya no haya goteras.