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Juan Carlos Pérez Manrique

Estos días azules...

Juan Carlos Pérez Manrique


La Lotería

22/12/2021

Al protagonista de un cuento (El Premio Gordo) en el que Blasco Ibáñez reflexiona sobre las maneras, el estar, de aquellos para los que la riqueza material y la posición social transforman la majadería en ingenio, la vulgaridad en talento y la altivez en un estilo que no se discute, se le desató la fantasía a través de un sueño. El sueño iba envuelto en un billete de lotería con el que quería ser agraciado por lo que, al tratarse solo de un deseo, no pudo canjearlo más que por una pesadilla que se iniciaba en la luz en la que lo que se quiere se cumple pero que terminaba en la orilla oscura donde los desengaños castigan.  Por eso cuando despierta, siente el alivio de recuperar su propia existencia; pero no está disconforme con haber soñado otra vida distinta engendrada por la suerte. Todos en alguna ocasión hemos fantaseado con otra vida imaginada, encendida por algún toque de fortuna para alumbrar vete tú a saber qué caminos. Y como crear/recrear/inventar otras vidas es la materia esencial de lo narrativo, podemos entender bien la importancia del azar, de la suerte, en la literatura que es espejo y a la vez archivo de cuanto sucede. Borges, Galdós, Pardo Bazán, Echegaray, Valle Inclán, Twain, Verne, Tean, Jackson… son solo algunos de los grandes que en torno a la lotería han escrito.

Otros sabios tampoco han permanecido al margen de este interés y así, si Ortega le escribía a Unamuno que una de las cosas que hay que hacer en España es podar del alma colectiva la esperanza del genio -la lotería- y alentar los pasos del talento, este, con otra visión, le respondía juego a la lotería de Navidad, a ver si me cae el Gordo, aunque sin hacerme ilusiones….-y- creo que la esperanza en el genio -la lotería- no es obstáculo para que cada cual trabaje…

Y es quizás la esperanza,  que no necesita alimentarse de ilusiones para sostenerse cuando la ilusión es ella, lo más hermoso de la lotería de Navidad. En mi caso, juego un número que jugaron mis abuelos, que continuaron mis padres cuando aquellos se marcharon y con el que he seguido yo también cuando ellos se han ido. Y ya no es número sino hilo; hilo que desde hace más de cien años cose un tiempo propio, año tras año, puntada tras puntada y mantiene vestida, siempre hermosa, la esperanza, esa que nunca tiene prisa para que el secreto que esconde pueda llegar a mostrarse.