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Inés Praga

Esta boca es mía

Inés Praga


Dios salve a la Reina

03/06/2022

Que nadie se alarme. No me refiero a la reina Sofía y la covid que tuvo cuando vino el emérito, ni a la reina Leticia y sus duras sesiones de fitness. En realidad el título se inspira en los fastos que se celebran estos días en Londres por el Jubileo de Isabel II quien, tras 70 años en el trono, sigue llevando el bolso y el sombrerito como nadie. Y no será que no haya tenido disgustos, porque en su casa cuecen las habas a calderadas desde que se coronó. Hasta los Sex Pistols le dedicaron una parodia del himno nacional muy irreverente.

Yo siempre he sido republicana y nunca he comprendido ese halo divino que separa a la monarquía del resto de los mortales. El gran Shakespeare retrató magistralmente la gloria y la miseria de la institución y la humanizó en un puñado de obras inmortales como Ricardo III, Enrique V, Macbeth o Hamlet, entre otras. En ellas, los royals son simplemente hombres y mujeres, sujetos a pasiones y debilidades y víctimas de la ambición, el deseo, la traición o la melancolía, como cualquier otro. No es de extrañar que los grandes genios del teatro y el cine como Laurence Olivier, Orson Welles, Marlon Brando, Al Pacino o Kenneth Branagh se hayan fajado como actores con estos personajes. Y hoy nada ha cambiado: a la familia real británica la apodan The Firm (la empresa) por la ingente maquinaria que promociona su imagen y el espectáculo mediático que genera. Sin olvidar, por supuesto, el material folletinesco de sus miembros, que ha inspirado películas y series de enorme repercusión. 

En los últimos tiempos aquí también abundan los culebrones, que han llenado los medios de grandes titulares e incluso ya hay una serie sobre nuestra familia real. La verdad es que los escándalos del emérito son de mucho mayor calado político e institucional que los vodevils de los Windsor, y ni el mejor guionista hubiera ideado unas historias tan turbias como las que él ha protagonizado. Así que la reciente decisión de mantener la inviolabilidad del rey me ha dejado atónita porque para mí es un concepto medieval, como el cinturón de castidad o los torneos, además de un escudo monárquico que impide que la ley sea igual para todos. Cómo chirría todo esto en una democracia del siglo XXI…

El 11 de junio vuelven las regatas del Bribón. ¡Dios nos salve a todos!