Inés Praga

Esta boca es mía

Inés Praga


Rebeldes con causa

20/05/2024

Hace ahora 200 años, el poeta Lord Byron murió defendiendo Grecia de los turcos y pasó a la leyenda como el héroe que vive deprisa, muere joven y deja un hermoso cadáver después de la batalla. Su mito prendió en la mente de millones de jóvenes que glorificaban la muerte en el frente como un acto supremo de heroísmo. En la primera guerra mundial, por ejemplo, abundaron los poetas en las trincheras, aunque ya surgieron voces denunciando aquella carnicería. Pero el viejo lema de Horacio, es hermoso y honorable morir por la patria, siguió vigente y cobrándose vidas. 

Porque en un tiempo no tan lejano, la causa y la guerra eran trágicos sinónimos en la vida de un joven. Hoy sabemos que nunca fue hermoso ni honorable morir por la patria ni por ningún otro motivo porque, como decía el filósofo y pacifista Bertrand Russell, «no se debe morir por ninguna causa, entre otras cosas porque esa causa puede estar equivocada». La gloria del soldado fue cuestionándose a lo largo del siglo XX y surgieron figuras como el desertor, el objetor de conciencia, el insumiso y otras formas de rebeldía, además de muchos movimientos para los que la causa era la paz y la erradicación de cualquier forma de violencia. 

En 2003, la guerra de Irak hizo global el lema de no a la guerra y hoy los jóvenes universitarios han vuelto a alzar su voz y su protesta por el genocidio que está sufriendo Gaza. No es la primera causa que abrazan, porque yo misma recuerdo los encierros estudiantiles en el franquismo, duramente reprimidos. Estos días los campus albergan encierros, debates y concentraciones para visibilizar la gran tragedia del pueblo palestino. Y hay quien dice que lo que tienen que hacer es estudiar y dejarse de follones y tonterías. Que yo sepa, los exámenes no se han cancelado, con lo cual estos jóvenes tendrán que alternar la protesta con el estudio; y la propia Conferencia de Rectores ha unido su voz y ciertas medidas para condenar la actuación de Israel. Porque, ¿de qué vale una universidad que no fomenta el espíritu critico, que no se compromete firmemente con la paz y que no pone su gran arma- el conocimiento- al servicio de un mundo mejor?.

La causa de estos rebeldes ya la formuló Terencio en la antigua Roma, con bellas y sabias palabras : Como hombre, nada de lo humano me es ajeno.