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Fernando Aller

DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


La luz oscura

11/03/2022

De pequeños nos metían miedo con la llegada del hombre del saco, en mi pueblo venía en las máquinas de los depósitos de alquitrán con el que se construían las carreteras. Una forma bastante eficaz de evitar que nos acercáramos a tan peligrosos artilugios. Ahora nos los provocan las televisiones, fundamentalmente por ser el medio de comunicación de masas de mayor penetración social, con su permanente matraca sobre el precio de la luz. Este mantra diario se convierte en magnífica coartada para justificar desbocados incrementos de los precios en productos y servicios, sin que guarden relación en muchos casos. El precio de la luz, en escalada libre y que se empeñan en desmenuzar por horas, ya ni siquiera por día, nada tiene que ver con su coste de producción. Es así como se construye una falacia. Pero esto la mayoría de la gente no lo sabe.
Desde hace 25 años, por circunstancias que no vienen al caso, se estableció como precio de referencia de la electricidad el costo más alto de la materia prima que formara parte de su producción. Hoy es el gas. En España actualmente la mitad de la energía eléctrica es renovable y solo el 17 por ciento se produce con gas, fundamentalmente a través de las centrales de ciclo combinado. El precio del sol, del viento y del agua no fluctúa. Su coste es cero a estos efectos. Sin embargo, el precio de mercado lo establece el gas, no la media de los costes de producción, como parecería lógico y así se entiende en cualquier otra actividad. De esta forma, cuando el precio del gas alcanza un valor estratosférico, (700 euros megavatio/hora recientemente), la producción solar o eólica pasan a valer lo mismo. Parece evidente que las compañías eléctricas ganan mucho más cuanto más se encarezca uno de los componentes de la producción si el resto permanecen bajos. El Gobierno ha anunciado que pretende desvincular el gas de la cesta de generación eléctrica, aunque matiza que de forma coyuntural, no con carácter indefinido. Una posición difícil de entender, aunque tal vez no sea ajena la circunstancia de que a los precios que se publicitan con tanta insistencia hay que añadirle los impuestos, consecuentemente también en progresivo ascenso.