Otro juicio para el 'loco del martillo'

R.C.G.
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Los investigadores creen que fue el autor de los ataques a dos mujeres en Miranda con el objetivo de que atribuyeran el crimen de su pareja a un perturbado. La fase de instrucción está a punto de cerrarse

Herrero, en el juicio por el asesinato de Ana Belén, por el que ha sido condenado a 21 años de cárcel. - Foto: Valdivielso

Agustín Herrero tendrá que sentarse nuevamente en el banquillo de los acusados este año. Tras ser condenado recientemente a 21 años de prisión por asesinar a su mujer en la casa que ambos compartían en la vecina localidad de Turiso, ahora deberá afrontar otro procedimiento judicial por los ataques que supuestamente propinó en la calle a dos mirandesas. Estos sucesos fueron atribuidos en su momento a un sujeto al que se bautizó como ‘el loco del martillo’, porque golpeaba con un objeto contundente a sus víctimas, que perdían el conocimiento y posteriormente no recordaban nada de lo sucedido. 

El caso generó psicosis en la ciudad sobre todo por la ausencia de sospechosos y por el modus operandi, que despistaba totalmente a la policía, ya que no había un móvil aparente detrás de los extraños sucesos. La noticia de los ataques corrió como la pólvora, y aunque inicialmente muchos dudaban de su veracidad, las fuerzas de seguridad confirmaron que los hechos eran verídicos. La aparición del cuerpo sin vida de Ana Belén en un coche aparcado frente al instituto permitió a los agentes atar cabos.   

Según la investigación realizada, ‘el loco del martillo’ era Agustín Herrero, y su objetivo era que el crimen de su mujer se encuadrase en una ola de ataques de un perturbado. El plan no salió como esperaba y la misma tarde de la muerte de Ana Belén fue detenido en la fábrica en la que trabajaba. A pesar de que inicialmente dio una versión falsa, acabó confesando el asesinato de su pareja, por el que el pasado mes de diciembre ha sido condenado. 

Pero aunque Herrero ya está entre rejas, todavía tiene pendiente el procedimiento por los ataques en plena ciudad. La fase de instrucción está a punto de finalizar más de tres años después de ocurridos los hechos. Después será el turno para que tanto la acusación como la defensa presenten los escritos con sus peticiones. La asociación Clara Campoamor, que defiende a las víctimas, confía en que a pesar de los retrasos que ha sufrido la causa, se fije fecha de juicio este año ya que lo más laborioso es la instrucción y la misma está casi cerrada. 

Las imágenes recabadas en las cámaras de la zona en la que se produjeron los ataques, demuestran que Agustín Herrero estaba en los lugares en los que se produjeron los mismos. Además, después de que fuese detenido por el asesinato de su mujer, no se produjo ninguna agresión más por parte del ‘loco del martillo’, lo que invita a pensar que era el autor. Esta hipótesis salió a relucir en el juicio por el crimen de Ana Belén, porque guarda estrecha relación con ese suceso, aunque son causas diferentes y que por lo tanto se juzgarán por separado. 

Debido a la brutalidad de los ataques, las víctimas del ‘loco del martillo’ sufren secuelas físicas y psicológicas de las que no se han recuperado plenamente. En un principio se le atribuyeron tres agresiones ya que en esas fechas un varón tuvo que ser hospitalizado por una fuerte contusión en la cabeza y se creyó que era una víctima más, aunque posteriormente se comprobó que su lesión no estaba relacionada. 

Las dos mujeres a las que supuestamente agredió Herrero fueron sorprendidas por la espalda y golpeadas con un objeto contundente que las dejó sin conocimiento. Al despertar, no recordaban nada de lo ocurrido y no les habían robado sus pertenencias, algo que extrañó desde un primer momento a los investigadores. 

En ambos casos, los sucesos tuvieron lugar en la zona próxima a la calle Condado de Treviño y el Puente de Hierro, casualmente no muy lejos del lugar en el que después fue hallado el cuerpo ensangrentado de Ana Belén. Esto explicaría porqué Agustín Herrero trasladó el cadáver de su pareja, de la que se estaba divorciando, desde Turiso hasta Miranda. 

Su objetivo era atribuir dicha muerte al perturbado que estaba sembrando el pánico en la ciudad y que las miradas no se centrasen sobre su figura, aunque su reacción al comunicarle el asesinato de Ana Belén y otras pruebas, pusieron rápidamente a los investigadores tras su pista.