Héctor Jiménez

Ni confirmo ni desmiento

Héctor Jiménez


Los detalles

22/03/2024

Están a dos pasos de la Catedral. Los ven decenas de turistas cada día, cientos los fines de semana y miles más los tendrán delante de sus morros durante esta Semana Santa. Son dos locales cochambrosos llenos de todo tipo de desperdicios. 

La basura llama a la basura y su pinta es tan lamentable que invita a seguir echando en ellos vasos de plástico, servilletas, papeles, colillas. Podrían ser de cualquier particular. Merecería igualmente el reproche mediático, pero la cosa tiene todavía más delito, porque encima son del Ayuntamiento de Burgos.

Los que frecuenten la plaza del Rey San Fernando sabrán perfectamente de qué les hablo. Se trata de los bajos del número 2, ese edificio situado en su extremo este, a tiro de piedra de las escaleras del Sarmental, donde un gran azulejo explica la historia del lugar y que es propiedad municipal. Hace siete años fue desalojado alegando ruina inminente, allí sobrevivió durante un tiempo la taquilla del tren turístico y, desde su clausura, está sin uso.

La fachada no tiene mal aspecto. La manita de pintura que le dieron poco antes de su abandono hace milagros. Sin embargo, su vacío denota la falta de ideas y de gestión municipal, que se extiende ya durante tres mandatos distintos y de la que puede culparse tanto a PP como a PSOE. Aquí también empatan a nada.

Primero dijeron que querían venderlo y luego que no. Se han lanzado varios proyectos para resucitarlo, el último el traslado del Centro de Recepción de Turistas que se esconde en Nuño Rasura. Nunca ninguno de ellos se concretó. Y mientras tanto estos pequeños vertederos, uno a cada lado de la puerta, siguen engordando. 

No será porque los responsables públicos desconocen la existencia de todo esto que les estoy contando. Se preguntó en el Pleno de febrero, y posteriormente la guía turística Beatriz Sanz de Acedo lo denunció en su cuenta de X hace más de dos semanas.

La alcaldesa le contestó públicamente, le dijo que tenía razón, y ya. Ayer por la mañana una operaria trataba de adecentar los cristales. Aunque lo limpien todo hoy mismo, quedará pendiente lo más difícil: saber qué hacer con el edificio. Es la gigantesca paradoja de una administración que lleva años diciendo que necesita espacio y que no es capaz de administrar lo que ya tiene. 

Dicen que el diablo está en los detalles. En la gestión pública pasa igual.