José María Vicente

El Rincón de...

José María Vicente


El sabor de la tónica

12/03/2024

Me acabo de enterar que la causa de que lloremos cuando cortamos cebollas se debe a que mientras crecen absorben el azufre del terreno que es liberado cuando tratamos de hacer juliana para el guiso de turno. Algo parecido le debe haber ocurrido a ese gran ministro Bolaños cuando el otro día compareció ante los medios para anunciar la buena nueva. En una sobreactuación digna de mejor causa soltó, deprisa y corriendo, todo el argumentario. Día histórico para nuestro país, convivencia, democracia, progresismo, triunfo del diálogo, más convivencia, impecable y plenamente constitucional, reconciliación, entroncado con Europa, más convivencia y… dos huevos duros. ¡Cuánto azufre habrá tenido que tragar en el proceso de sometimiento para que su impostura diera tantas ganas de llorar!

Como se tarda menos en coger al mentiroso que al cojo, enseguida llegan los aguafiestas redactores de su amnistía y teóricos llamados a la convivencia para decir, con una gran sonrisa, que de eso nada monada, que esto es sólo el principio de un camino que les conduce a la reconciliación de ellos consigo mismos y que… ¡ojito! con lo que se les ocurra hacer a los jueces prevaricadores. Y Bolaños mirando para otro lado, insistiendo una y otra vez en las bondades de una mercancía averiada con una contumacia de charlatán vendedor de crecepelo. Claro, que su misión no es nada fácil ya que se trata de hacernos creer que Puigdemont habla castellano en la intimidad, tiene una muñeca vestida de sevillana al lado del televisor y el Viva España como sintonía en el móvil. Pero como parece que ni ellos mismos se creen el bodrio tiene que sacar su tono más solemne el propio presidente, a su vuelta de Brasil en donde estaba durante el acuerdo histórico para España, para llamarnos cortos a la mayoría por no tener ninguna visión de futuro y pedirnos tiempo para que él, gran pastor de borregos -nosotros-, pueda demostrarnos el error y apabullarnos con su sabiduría para permanecer en su querencia natural de la Moncloa cuatro años más. ¡Cueste lo que cueste! Y nosotros sin dar más de sí. Es la teoría del anuncio de la tónica. No es que no te guste su sabor, es que no la has probado lo suficiente.