Aurora Lázaro

Plaza Mayor

Aurora Lázaro


Tradición y supervivencia

01/02/2024

Alivia un poco comprobar que muchas fiestas y tradiciones rurales se conservan y celebran a pesar de las zancadillas que llevan soportando desde hace tiempo, comenzando por el descenso continuado de los habitantes de los pueblos y finalizando con las estrictas normativas que se han ido imponiendo.

La matanza, por ejemplo, sobrevive casi únicamente como espectáculo y gracias al esfuerzo organizativo de voluntarios, pero se ha perdido ya esa crianza sostenible del animal con los desechos orgánicos de cada familia, la participación comunitaria y la degustación de unas viandas exquisitas por su calidad. Son contadas las familias que aún mantienen, prácticamente a escondidas, la tradición. 

El mismo camino llevó la vendimia, una actividad agrícola que era a la vez una fiesta familiar y vecinal, una oportunidad para reencuentros y, de nuevo, poner en práctica ese sentimiento de comunidad. Desapareció a golpe de inspecciones y multas, pues la presencia en el viñedo de un primo tercero, el abuelo jubilado o un compañero universitario era motivo de sospecha de fraude laboral. Se ha sustituido por macro eventos festivo-musicales concentrados en localidades grandes que están muy bien, pero han machacado su autenticidad. 

Afortunadamente, hemos podido combatir el triste enero con San Antón, San Sebastián o San Lesmes, y febrero se presenta jaranero con Las Candelas, San Blas y las Águedas, para terminar en la medianoche de su último día, sea bisiesto o no, con los cantos de las marzas. 

Me pregunto si no se puede hacer compatible la crianza y sacrificio de un cerdo en casa con las macro granjas, o la recogida de la uva en plan familiar con la profesional. Espero que a nadie se le ocurra ahora considerar actividad de riesgo el encendido de hogueras, insalubre el reparto de titos y roscones o molesto para los vecinos el sonido de dulzainas y castañuelas.