Rocío Martínez

Pegada a la tierra

Rocío Martínez


Me duele el fútbol

31/03/2024

Me duele el fútbol como sólo te duelen las cosas que amas. Cómo no amarlo cuando un gol, un simple gol, es capaz de regalarte un momento de Felicidad plena, pura, una explosión de alegría. ¿Efímera? Vale, apenas un instante quizás, unos segundos en los que el mundo desaparece, segundos en los que brincas, gritas, ríes, aplaudes, te abrazas incluso a desconocidos, sin pensar en más, como cuando eras niño, y sólo vivías el momento.

Felicidad espontánea, fuegos artificiales. Luego la vida aflora de nuevo con sus cuitas, pero ¡ay, ese ratito! Impagable. Por cierto, cada vez más también literalmente, convertido en ocasiones en artículo de lujo. 

En época de amores efímeros, inestables, zozobrantes a la primera marejada, el amor al fútbol es robusto. Se puede cambiar de todo, menos de equipo. Esos colores que llegan por herencia familiar, por fascinación por la magia de un futbolista, por la tierra… ese fervor es para toda la vida. Muy pocas cosas lo son. En el fútbol se perdonan baches, frustraciones, desencantos… el hincha es incondicional. 

Me emociona el poder que tiene un balón, no sólo en los estadios, manejado por pies elegidos para la gloria, no, también en las calles. Nada hay más integrador que un balón. Lancen uno entre un grupo de niños, de niñas, y verán cómo en unos segundos, ante sus ojos hay una cuadrilla feliz. 

Por eso me duele que algo tan bonito, tan de corazón, que nos hace tan felices (a veces tan desdichados también, claro) esté tan embarrado por asuntos feos, turbios, por Rubiales, por trincones, por cafres disfrazados de aficionados, por maleducados que sacan su peor versión en las gradas de un campo de fútbol, por racistas que no debemos tolerar, por personas aparentemente normales que se disfrazan de hooligans hasta en partidos de niños, que insultan incluso a árbitros menores de edad. Me duele y me niego a aceptarlo. 

Y celebro el amor por este deporte y por nuestro Burgos que me transmitió mi padre cuando era niña. Y presumo de colores entonces blanquirrojos, hoy blanquinegros. Y me ilusiono soñando con volver algún día a Primera, por vivirlo y contarlo. Una ilusión que cada vez menos es una quimera. Y más después del partidazo ante el Espanyol. Pena de gol, de ese instante mágico, que por cierto tanto merecimos, pero ahí seguimos. En cualquier caso, el camino está siendo maravilloso. Gracias. 

De momento, el día 9 El Plantío tendrá en su césped a las campeonas del mundo. Yo lo contaré con orgullo. Ustedes, si pueden, no se las pierdan.