Rocío Martínez

Pegada a la tierra

Rocío Martínez


Extraordinaria Cristina

21/01/2024

El Dakar es salvaje, agotador, peligroso, loco, brutal, exigente, bellísimo también, sólo apto para tipos duros… y tipas también. Resilientes, fuertes para aguantar 5.000 kilómetros 'metidos en una lavadora', así describen muchos pilotos estar metidos en un coche duna arriba, duna abajo, piedra arriba, piedra abajo. Descripciones que encajan como un guante con nuestra Cristina Gutiérrez, que en el rally más duro del mundo, acaba de hacer historia, otra vez. Pero lo de ahora son ya palabras mayores. Antes que ella sólo una mujer, Jutta Kleinschmidt, había ganado el Dakar. Pues ya son dos. La guinda que le faltaba.

Desde los 6 añitos pegada a un volante, sólo ella sabe los sinsabores, los desvelos, los sacrificios que habrá vivido para cumplir un sueño que ha perseguido en modo currante, cabezota seguramente también. Cristina es una roca. También lo que habrá tenido que aguantar. Hace poco contaba que alguna vez cuando conseguía un buen resultado le revisaban el coche por si había trucado algo. Siempre bajo la lupa. Con una sombra de sospecha, de recelo. ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste? Sorprendidos de que una chica pilote así. Los de «mujer tenía que ser», seguro. 

Pues de Burgos tenía que ser la primera española en ganar el Dakar. Lo ha hecho en categoría Challenger. La mejor de todos. Hombres y mujeres. A Cristina no le gustan las competiciones femeninas. Y en el Dakar hombres y mujeres compiten en las mismas condiciones, algo muy poco habitual en otros deportes. En estos días en los que colea aún la famosa encuesta del CIS sobre hombres y mujeres, no sé si Cristina será lo suficientemente consciente de lo que ella está haciendo por la igualdad. Brava. 

Respetada por sus compañeros, el mismísimo Hamilton, que algo sabe de automovilismo, la fichó para formar pareja con Loeb en la Extreme E. No tuvo mal ojo. Fueron campeones del mundo. 

Estos días seguía sus redes sociales, donde con la fatiga grabada en el rostro, pero sin perder la sonrisa, iba contando los avatares de cada día, los pinchazos, los adelantamientos, las curiosidades, el trabajo incansable… natural, sencilla como es ella. Como si no supiera que es EXTRAORDINARIA. También por su normalidad.

El espíritu del Cid reencarnado en esta mujer menuda. ¡Menuda mujer! Emocionada, en el momento más feliz de su carrera se acordó de los niños del hospital de Burgos que le dibujaron su casco más especial. Qué orgullo, Cristina, qué orgullo. Te lo mereces, todo.