Javier Fernández Mardomingo

Cortita y al pie

Javier Fernández Mardomingo


Sánchez y el Guerra

23/02/2024

Que no Guerra, Alfonso. Cuentan que nadie mandó más en el toreo que Rafael Guerra Bejarano, Guerrita, el Guerra. Como nadie ha mandado tanto en el Partido Socialista como Sánchez, Pedro.
Sánchez acuñó aquello que dijo el torero hace ya unos pocos años cuando un 1 de octubre los suyos lo apartaron en el último comité federal que se recuerda con gresca en el Partido. ¡Y menuda gresca! No me voy, me echan, debió pensar el hoy presidente, como pensó el Guerra hace más de cien años.

Pedro, que ha pasado vientos y tempestades desde que apareció en escena, puede estar viviendo sus días más delicados en la Presidencia del Gobierno. Un batacazo electoral en Galicia, otro más. Unos socios que huelen la sangre, aprietan las tuercas y con los que hay que negociar hasta la compra de bolígrafos y un tal Koldo con aspecto de portero de lupanar, que es precisamente lo que era, llevándoselo crudo de ministerios y comunidades a cuenta de las mascarillas y su amistad con el defenestrado Ábalos. 

Nunca hasta ahora se había hablado de reflexionar dentro del Partido Socialista. Nunca pese a perder poder a espuertas en cuestión de meses. Mantener la joya de la corona que es Moncloa hace de Sánchez una figura que, aunque en horas bajas, sigue mandando mucho en el ruedo ibérico de la política española. Le falta querer ser Papa, como pretendió el torero.

Aviso a navegantes del presidente. ¿Quieren reflexión? La habrá, asegura. Empezando por el cambio de algunos liderazgos territoriales. Toma ya. Cuidado, a ver si los que la piden van a tener dos tazas de reflexión, pero en su casa.

Sánchez ha cuajado un partido a su imagen y semejanza y pretende que España también lo sea. Cosa complicada cuando menos. Lo saben algunos en Ferraz, que empiezan a pensar ya en los tiempos que vengan cuando el manual de resistencia se agote. La tarea llegará tarde o temprano. Y habrá que explicar que el PSOE no es muleta del Bloque en Galicia, del PNV en Euskadi, de Bildu en Pamplona o de Esquerra en Cataluña. Habrá que explicar que sales a ganar y no a pactar. Y no será sencillo, por eso hay quien empieza ya a pensar en esa etapa.

Porque, aunque Sánchez sea como el Guerra en lo de mandar y en lo de pensar que después de mí, naide, llegará un día en el que se vaya o lo echen como al califa cordobés. Y para apañar esa tarea van a necesitar en el Partido Socialista unas cuantas figuras que lidien con ella que, sinceramente, cuesta vislumbrar a día de hoy.