Juan Carlos Pérez Manrique

Estos días azules...

Juan Carlos Pérez Manrique


Educación

24/01/2024

En una de las esquinas de un bloque de mármol puede verse cómo se sostiene un tintero que es el manantial del que brotan las palabras que un sabio griego ha escrito. Colocado el tintero de manera inestable, cualquier tropezón, o acaso un codazo, podrá derribarlo. Si observas la pintura en la que esto se representa (La Escuela de Atenas, Rafael de Urbino, 1510 aprox.), el tintero puede pasarte desapercibido, pero está en el centro del cuadro, junto al sabio cuyo gesto abatido te intrigará de la misma forma que terminarás preguntándote de qué estará hecha esa tinta tantas veces vertida por codazos que hoy dan censores y canceladores, para emborronar o para borrar. Como también te intrigará saber de qué maldad o de qué torpeza y descortesía (en los textos medievales lo cortés es calificación referida a personas con sabiduría) está hecho el codo que tantas veces empuja el tintero; ese tintero de Heráclito.

Algunas mañanas veo a los alumnos con sus mochilas cargadas y pienso entonces que si tuviera la oportunidad de poder vivir otra vida y elegirla, pediría ser maestro. Pediría ser capaz de transmitir la misma pasión por el conocimiento que se respira en esa pintura de Rafael, donde todo lo protagoniza la ansiedad de saber. Pediría ser capaz de inculcar que la meta exclusiva del éxito social y económico es una mezquindad moral y lo ilustraría con aquella viñeta del Roto en que una madre le dice al niño al que lleva al colegio de la mano que recuerde que más importante que lo que dice el maestro es fijarse bien junto a quien se sienta. Pediría discutir con Machado que nunca hay monotonía detrás de los cristales porque la vida nunca para a pesar de que siempre hay quien quiera detenerla y retrocederla; y que aunque en la vida siempre prosiga el drama, al menos tú siempre podrás aportar un verso. Así lo aseguraba Whitman. Sería feliz también si fuera capaz de cargar esas barcas que son los niños -la propuesta es de Celaya- con un cargamento de palabras que tendrán que transportar hasta los destinos que alcancen donde, a su vez, ellos cargarán nuevas barcas con la bandera enarbolada. Una bandera protectora contra los piratas del racismo y los nacionalismos, el mayor mal generador de odio capaz de envenenar la flor de nuestra cultura europea, como escribía Zweig. Seguramente algunos dirán que todo esto sería adoctrinamiento, pero es lo que me gustaría y hoy, declarado Día Internacional de la Educación, lo escribo.