Claudia Vicente

A vuelapluma

Claudia Vicente


'Folie à monja'

17/05/2024

No sé si es que yo soy más propensa al delirio colectivo que las demás personas, pero toda esta fantasía que está sucediendo con las clarisas de Belorado y ese señor de Bilbao al que le gusta disfrazarse no solo me tiene enganchada, como a todos, sino que cada vez que se enrevesa más la historia, más verosímil me parece.

Porque me imagino en ese monasterio, viviendo con mis amigas, y me retrotraigo a ese colegio mayor en el que las conocí. Con esas monjas que nos cerraban la puerta con llave por la noche, que solo con ese gesto que parecía como de encierro, hacían que todo lo que pasara detrás de ese cerrojo fuera muchísimo más divertido. En cuestión de meses ya teníamos un himno en el que Gon no entra en la Asunción, re selváticas sí son… que era el inicio de un lenguaje propio. Luego vinieron las ilegales piscinas hinchables en las habitaciones, las invasiones nocturnas, los globos de agua… más tarde la expulsión. Pero, ¿y si nadie nos hubiera echado? ¿Y si nos hubieran dado la llave, nos hubiéramos quedado allí, y, además, nos llegara fama y dinero gracias a unos chocolates con los que hemos triunfado en Madrid Fusión?

Creo que todas en esa situación, tocadas por el realismo mágico de vivir con normas como de otra época, en un monasterio, solo hablando entre nosotras y dándonos la razón, caeríamos en las redes de un señor con más escenografía que los musicales de la Gran Vía y abrazaríamos ese delirio, ese folie à monasterio que es ser guardianas de una verdad tan atractiva como la de ser las pocas elegidas que creen tener la llave de los cielos. 

Si usted no se ve capaz de caer en todo este delulu es que en su infancia no leyó los libros de Celia de Elena Fortún y no disfrutó de las maravillas de instalarse a vivir en el mundo de la imaginación. Le recomiendo que vaya corriendo a la biblioteca a por un ejemplar y verá cómo toda esta disertación no pretende en ningún caso quitarle gravedad al asunto, que gravedad tiene, pero sí hacerlo mucho más fácil de entender, y, por supuesto, divertido de interpretar.