Roberto Peral

Habas Contadas

Roberto Peral


Dictadura

20/11/2023

Cada cual, pues no faltaba más, tendrá su propia opinión sobre la ejecutoria de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, pero habrán de convenir conmigo en que, en su nuevo papel de golpista y dictadorzuelo sin entrañas, nos está resultando una auténtica calamidad. Qué déspota que se precie, por Dios bendito, consentiría que una presidenta autonómica le mente en público a la madre, o que un puñado de pensionistas llamen al Ejército a deponer el Gobierno por las armas, o que una concejala del PP en un pueblo de Segovia exija en las redes sociales que se le descerraje un tiro en la nuca (se supone, de más está decirlo, que por terrorista vil). 

La satrapía que nos tiene domeñados transige también, en su natural blandengue, con que el vicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo, desdeñe el decoro al que le obliga su cargo para ejercer su «derecho individual» a amedrentar a periodistas y jalear a plataformas ultras megáfono en mano, sin que, dicho sea de paso, acertemos a establecer muchas diferencias entre su comportamiento personal en las algaradas callejeras y el institucional que observa en las Cortes regionales. A su costado, nuestro consejero de Empleo, Mariano Veganzones, brinca jovial al grito de «puto rojo el que no vote», algunos vehementes ciudadanos pretenden injuriar al Rey tildándolo de «masón» (es dudoso que quienes esgrimen término tal tengan la más remota idea de lo que en realidad significa) y una alegre y muy católica muchachada profiere vivas al general Franco y entona el Cara al sol sin saltarse un ripio, destreza sorprendente si uno se para a pensar en que nadie los forzó nunca a cantarlo cada día en la escuela.

Habrá quienes se pregunten, claro, a qué tipo de democracia aspiran quienes tachan de ilegal un Gobierno salido de las urnas y del Parlamento, por cuestionables que sean las medidas que pretende adoptar (ni siquiera se acepta en este punto la autoridad del Tribunal Constitucional, encargado de hacer acatar la Carta Magna a los poderes públicos), y a qué extremos nos quieren conducir unos patriotas que juzgan intolerable la mitad de la patria. Viva la unidad nacional.