Jesús de la Gándara

La columnita

Jesús de la Gándara


Un mar de eritrocitos

29/01/2024

Los científicos suelen usar palabras extrañas, de origen latino o griego, para presumir de cultos y, de paso, disimular -ahora se dice encriptar- sus conocimientos. Por ejemplo, eritrocitos, una combinación de dos griegas que significa, literalmente, rojas-bolsas, y denomina a los glóbulos rojos de la sangre. La combinación de rojo, células y sangre emparenta con otros nombres conocidos, por ejemplo, Eritrea, que vendría a ser país rojo, aunque, paradójicamente, a base de padecer hambre, sed y miseria debe ser el país más anémico del mundo. Curiosidades que tiene la lengua, que a veces nos gasta bromas pesadas. 

En este caso el culpable de la broma es el llamado mar de Eritrea, que, como puede colegir, se llama así por parecer rojo. La cosa viene de lejos, de hecho, nadie sabe bien porque se llama así. Unos dicen que es por las algas rojas, otros por la sal enrojecida en sus orillas y otros por tanta sangre que lleva acumulando desde hace siglos. Sus orillas y aguas han contemplado y ahogado tantas contiendas humanas que no le queda otra opción que mostrarse enrojecido. Rojo de sangre y de vergüenza. 

Pero, ¿qué culpa tengo yo?, dice el mar Rojo, si solo he hecho que prestarle cauce a vuestras inquietudes, ansias y pendencias. Es más, si me miráis con ojos inocentes veréis que, en el fondo, soy uno de los mares más bellos y fértiles del mundo, que albergo vida vegetal y animal sin tasa ni parangón, que soy tranquilo y raramente me enfurezco. Sois vosotros, estúpidos seres inhumanos, abominables engendros de pies torpes y manos sucias, los que me esquilmáis, me encenagáis, me sonrojáis, con vuestras ambiciones, ignorancias y torpezas. ¿Qué culpa tengo yo de parecer tan fiero? ¿Qué afrentas os he hecho para que me tratéis así? Creo que es tan solo porque proyectáis sobre mí vuestro ancestral pavor al rojo sangre, que, cuando se sale de vuestras venas, a vosotros os mata y a mí me ruboriza. Dejad ya, por favor, de ser tan brutos, de ser tan ciegos, de derramar la sangre que os da la vida, dejadme descansar en mis bellas orillas de sal rosada, presumir de las algas rojas que me engalanan y jugar con los millones de peces de colores que me pueblan. O, al menos, aprended de vuestro propio diccionario, que tiene palabras tan bonitas como eritrea o eritrocitos…, qué bellas son, qué bien suenan, cuánta vida hay de ellas.

ARCHIVADO EN: Mar Rojo