Belén Marticorena

Sobreviviendo en la Jungla

Belén Marticorena


El sereno

02/02/2024

Cada vez estoy más convencida de que la mayoría de los problemas de nuestra sociedad actual tienen su origen en la falta de educación, o en esa nueva educación que nos viene a golpe de tecnología y manipulación, con un uso perverso de las palabras y opiniones, haciendo de lo que no es real una verdad, y de lo que es verdad una mentira.

Lo peor, es que yo misma me sorprendo teniendo actitudes y formas que nunca me hubiese imaginado. Y no me sirve eso de que estamos todos crispados, agotados o hastiados, que lo estamos. Esa es solo una disculpa para campar a nuestro aire y poder justificar muchas actitudes.

Parece que la maldad estaba oculta tras la educación, o al menos limitada por ella. Ahora, con este panorama, no me extraña que los jóvenes no encuentren el rumbo y se dediquen a destrozarlo todo; ello en respuesta a una sociedad que ya no les da lo que creen necesitar y no cubre las expectativas que les hemos prometido.

Lamentablemente, tengo que corroborar, como muestra de lo que digo, el incesante crecimiento del vandalismo en nuestra ciudad y los destrozos incontrolados y sin sentido que se padecen. El mobiliario, los escaparates, los elementos de ornamento, las fachadas, los comercios… todo, absolutamente todo, es una posible víctima de los cafres que transitan por nuestras calles durante las noches, y que encuentran un inusitado placer en destrozar y arrancar aquello que es bello.

Cuando amanece, los vecinos recogemos y reparamos lo que se puede, pero el agotamiento y la paciencia tienen un límite y más aún las arcas municipales, que ya no pueden afrontar tanta reparación.

Tal vez, no admitiéndose hasta la fecha la instalación de cámaras en nuestras vías más transitadas, sea hora, como en otros barrios y ciudades de España, de recuperar la figura del sereno, servicio de tono romántico, pero que puede convertir el regreso a nuestras casas a altas horas en un paseo mucho más tranquilo, y evitar que la belleza y el orden del que disfrutamos se torne durante las noches en caos. Estoy segura de que nuestras calles, junto con sus farolas, bancos, señalética, escaparates, fachadas y nosotros mismos, seríamos también mucho más felices.