Las madres de día buscan ser cuidadoras infantiles

ANGÉLICA GONZÁLEZ / Burgos
-

Este oficio de incipiente aparición en Castilla y León -en Burgos ya hay tres- se ocupa de la atención a menores en los propios domicilios de las profesionales que lo ejercen

Sheila García ha adaptado un espacio en su casa para cuidar a cuatro pequeños que disponen de muebles a su altura para que puedan desarrollar cómodamente todas las actividades. - Foto: Valdivielso

No puede decirse que se trata de un servicio nuevo, más bien al contrario tiene siglos de historia y en otros países europeos es muchísimo más frecuente que en España, donde poco a poco se está haciendo más conocido y demandado. Hablamos de las madres de día, un oficio que consiste en el cuidado de menores en el propio domicilio de las personas que lo ejercen, y que en la comunidad autónoma tiene desde 2017 su propio colectivo constituido, la Asociación de Madres y Padres de Día de Castilla y León, que ha realizado ya los primeros contactos con la Consejería de Familia con el objetivo de poder llegar a un reconocimiento oficial y a una regulación, que en todo el país solo existe en las comunidades de Madrid y Navarra.

De las 15 madres de día que hay en la comunidad, 3 de ellas están implantadas en Burgos, que es con Salamanca la provincia que más tiene. Sus nombres son Casa de Coral, Entre Algodones y Caracoles. Esta última está gestionada por Sheila García Jiménez, técnica en Educación Infantil, que inició el proyecto hace tres años. «Las madres de día llevamos por bandera que las criaturas en la primera infancia tienen el derecho a criarse en un ambiente cálido, tranquilo y alejado del estrés que pueden suponer espacios en los que comparten su tiempo con muchas cuidadoras, muchos niños y niñas más y un gran número de estímulos», explica esta profesional que es, además, egresada en la UBU en Comunicación Audiovisual y tiene un grado superior en Imagen, titulaciones que estudió a la vez que trabajaba cuidando niños.

«Siempre me gustó mucho la comunicación y la iluminación escénica, pero no me parecían profesiones en las que fuera fácil conciliar con la vida familiar, así que cuando decidí ser madre me formé para montar este proyecto y estar presente en la vida de mi hija y así lo he hecho hasta que ha cumplido tres años, que ya va al colegio», reflexiona, mientras su pequeña juega alrededor. Tuvo en mente también García las necesidades de las familias en una sociedad «tan exigente como la actual, pero en la que los niños siguen necesitando tiempo y espacio para ser, para conectar sus conocimientos, para poder escuchar su cuerpo, poder tener intereses y planes y llevarlos a cabo en un entorno seguro».

El vacío legal que, de momento, hay en Castilla y León sobre las madres de día es suplido por las cuidadoras asociadas incorporando a su ejercicio profesional las normas que hay en las comunidades que sí cuentan con regulación. Así, son personas tituladas, formadas en pedagogías activas que tienen en común «la crianza respetuosa, la individualidad y el ritmo de cada criatura», en palabras de Sheila García. Además, están dadas de alta como autónomas, disponen de un seguro de responsabilidad civil, tienen cursos de primeros auxilios, de manipulación de alimentos y de seguridad en el hogar, certificación negativa de delitos sexuales actualizada (tanto la profesional como los mayores de 16 años que vivan en la casa), son mayores de 21 años y no padecen enfermedades «ni están afectadas de impedimentos físicos o psíquicos que imposibiliten el normal ejercicio de las funciones propias de la actividad», tal y como especifica la asociación en su página web (www.madresypadresdediadecyl.com). 

En diciembre de 2019 la entidad presentó a la Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades una propuesta «formal, real y concreta» de regulación legislativa específica para esta profesión. «Quisimos aportar nuestra visión y la experiencia de la que disponemos para que la Administración pudiera tenerla en consideración en el momento en el que decidiera regular este servicio», afirma la madre de día burgalesa, que recuerda que ese contacto con la Junta «vivió una ruptura o parón por motivos como la covid o que tras las elecciones el personal técnico que trabajaba en esa consejería cambió»: «Como asociación fuimos invitadas a una reunión en la que se nos informó de que no había intención de hacer una regulación específica, aunque pienso que pudo ser una época en la que tuvieran mucho volumen de trabajo. Por eso, queremos expresar que seguimos dispuestas a trabajar conjuntamente con la Consejería de Familia para lograr una regulación legislativa específica para nuestra profesión que pueda beneficiar tanto a profesionales como a las familias».

Lista de espera. Esta experta asegura que desde hace unos años se está asistiendo en Burgos a un crecimiento del interés de las familias «por mimar y cuidar la infancia y esto ha hecho que las tres madres de día que trabajamos aquí tengamos lista de espera; ha podido influir, seguramente, la pandemia y la postpandemia, que nos hizo a todos más conscientes de las consecuencias de llevar a las criaturas a un espacio con más niñas y niños por la mayor posibilidad de que se contagien de alguna enfermedad», añade Garcia, que afirma que lo que le demandan las familias es, además, «otro tipo de estímulos» para sus hijos.

En su caso, aplica la pedagogía Pikler, en la que aún sigue formándose. Esta línea de trabajo lleva el apellido de su fundadora, Emmi Pikler, una médica austríaca que ejerció como directora de un orfanato en Budapest donde puso el foco «en los cuidados de calidad y en la libertad de movimiento y de juego». Con los años se constató, añade, que los niños de su casa cuna no habían tenido el síndrome de hospitalismo, que se da en personas mucho tiempo institucionalizadas y que se caracteriza por la apatía, un cierto retraso en el desarrollo y hasta depresión.

La casa de Sheila García -que forma también parte de la Red Madres y Padres de Día que existe a nivel nacional- tiene las adaptaciones adecuadas. De hecho, relata que antes de comprarla tuvo muy presente su oficio y la eligió con terraza «porque es importante que disfruten de jugar al aire libre», en una zona de muchos jardines y parques y cerca de un centro cívico, un recurso que utiliza habitualmente.

Seguimos dispuestas a trabajar con la Junta para lograr una legislación  que beneficie a las familias»

En Caracoles son cuidados en la actualidad cuatro pequeños, el máximo que ofrecen las madres de día: «En la asociación hemos decidido que la ratio esté en cuatro, aunque pueden ser cinco si en el grupo hay dos hermanos o si todos ellos tienen dos y tres años, que tienen más autonomía». Su horario es de 9 a 3 y el calendario es el mismo que el escolar de Burgos para que sirva de ayuda a la conciliación, «aunque el proyecto no es educativo sino de cuidados en la primera infancia». 

En la rutina diaria, esta madre de día le da una importancia extraordinaria al juego: «Es lo más valioso que puedo ofrecer a las criaturas: que puedan jugar desde sus propios intereses, sus miedos, esperanzas, ilusiones..., que tengan tiempo y material adaptado a su edad y desarrollo: madera, mimbre, telas... Trabajo desde la observación y voy viendo sus intereses sin interrumpir nunca el juego». Toda esta actividad se realiza en el salón de la casa con muebles y juegos adaptados a la pequeña estatura de sus usuarios, que reciben a la llegada un refrigerio y comen con su madre de día el almuerzo que llevan de sus casas.  A las tres, sus familias los recogen. 

Laura es una de las madres que confía a Sheila García el cuidado de su hija: «No puedo estar más contenta de haber elegido Caracoles, nos da mucha tranquilidad. Nos gustó mucho cómo tenía adaptado el espacio para acoger bebés y la mirada que tiene hacia la infancia nos fascinó porque aporta calidad y una atención individual que les ayuda a transitar en todas las etapas».