Los pueblos de la comarca de Miranda ganan población

ARSENIO BESGA / Miranda
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Solo tres pequeñas localidades han perdido habitantes en 2023. Tanto el municipio burgalés como Vitoria cuentan con una reducida oferta de alquiler y, además, el precio se ha disparado

Diego Vergara es natural de Miranda pero cuando, conoció Santa Gadea delCid, no lo dudó y se mudó allí. - Foto: A.B.

La despoblación de las zonas rurales se alza como uno de los problemas que más preocupan durante los últimos tiempos. Sin embargo, los pequeños municipios de la comarca de Miranda todavía resisten ante este fenómeno, ya que en solo dos décadas el número de personas empadronadas en estas localidades ha crecido casi un 11%, hasta acercarse a los 3.300 habitantes, según las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) que incluyen el año 2023. A lo largo de último ejercicio únicamente Altable, Ameyugo y Bugedo tuvieron un saldo negativo, mientras que Pancorbo rompió la tendencia negativa que acumulaba desde 2009 y otros lugares, como La Puebla de Arganzón, alcanzaron su récord.

Ángel Niño, el alcalde de este último municipio en el que ya superan los 550 residentes, tiene claro el motivo por el que se ha ido incrementando su padrón. Según relata, «está relacionado con el tema de los alquileres, la mayoría de personas que vienen es con ese tipo de movimientos» porque «es gente que trabaja en Miranda o en Vitoria, donde hay precios muy altos». Lo mismo ocurre en el otro margen del enclave de Treviño. El teniente de alcalde del Condado, Óscar Arbaizar, comenta que «mucha gente» de la capital alavesa está trasladándose a la ciudad del Ebro y «de la misma manera» ocurre en su localidad, dado que «está más cerca». El concejal del PP considera que «a raíz de la pandemia y de la falta de vivienda sobre todo en Vitoria, donde es inviable porque los alquileres están por las nubes, ha habido más llegada de población». 

Lo cierto es que los datos avalan las perspectivas de los alcaldes de la comarca mirandesa. Conforme a las estadísticas que publica el portal especializado Idealista, en Vitoria el precio del metro cuadrado ya supera la barrera de los 11 euros y en Miranda ha alcanzado los 7,5 euros durante 2023. Este hecho provoca que el piso más barato para arrendar en la ciudad vasca cueste 700 euros al mes y que en el municipio del norte de Burgos solo haya un apartamento baje de los 500 euros. Además, ambas localidades cuentan con un número muy escaso de inmuebles disponibles, pues la capital alavesa apenas tiene 92 ofertas y la ciudad del Ebro, 11.

El fenómeno de captación de nuevos residentes también se da en otros pueblos al margen de los del enclave treviñés. Por ejemplo, en Santa Gadea del Cid acumulan desde 2018 una tendencia ascendente casi constante y el alcalde, Jorge Ortiz, apunta que «desde finales de 2022 se han vendido ocho casas para familias que ya se han instalado o que van a rehabilitarlas». En el municipio calificado como el más bello por los espectadores de Castilla y León Televisión han recibido tanto a personas que «vuelven» como a otras «que llegan desde fuera». En este sentido, el primer edil relata que «por ejemplo, hay una familia de Bilbao que vino a la zona por trabajo».

El alcalde de Santa Gadea destaca que ya han llegado a los 164 habitantes censados y comenta que el incremento de residentes «es una de las cosas en las que trabajamos mucho, por lo menos no perder, y siempre es mejor subir». Sobre ello, destaca que haber alcanzado esa cifra «está muy bien», aunque añade que «pese a ser algo complicado, ahora se debe intentar subir». El censo de este municipio se ajusta bastante a su situación real. No obstante, en algunos casos existen más habitantes de los que se contabilizan oficialmente. Así ocurre por todo el enclave de Treviño, según dicen sus representantes municipales.

Esa cuestión complica la gestión que deben llevar a cabo. El edil de La Puebla cree que «siempre viene bien aumentar población, aunque seguimos con el mismo problema, porque vivimos casi mil personas aunque hay empadronados unos 500». Según relata, «la financiación depende directamente de la cifra que aparece en el censo, entonces hay un dinero que es para la mitad de lo que realmente tenemos».

Diego Vergara | Mirandés residente en Santa Gadea 

«Si fuera un pueblo a 40 kilómetros de la ciudad, no habría dado el paso»

El mirandés Diego Vergara siempre había «soñado con tener una casa», con varias plantas, patio y otras comodidades, como un choco con su pertinente asador. Sin embargo, según cuenta, cuando adquirió su domicilio allá por 2009 «era totalmente inaccesible, era muy caro porque la burbuja estaba muy inflada». Entonces se compró un piso en su ciudad natal. Y vivió allí, hasta ahora, pues acaba de mudarse a Santa Gadea del Cid buscando «calidad de vida». 

De los muchos elementos atractivos que tiene esta pequeña localidad, Vergara explica que uno de ellos tuvo gran importancia a la hora de tomar su decisión. Según cuenta, «lo que más» les «impulsó a venir aquí es que está cerca de un núcleo urbano como Miranda, porque aunque no sea una ciudad grande tiene acceso a talleres de coches, el hospital, supermercados, el trabajo...». Es más, este vecino de Santa Gadea reconoce que «si hubiera sido un pueblo a 40 kilómetros de la ciudad, quizás no habría dado ese paso». 

Ahora bien, aclara que su decisión también estuvo marcada por elementos más emocionales. Por el amor, concretamente. Su pareja, Verónica, es natural de este pueblo de la comarca de Miranda y asegura que ella consiguió que se quedara encandilado del municipio «por el encanto que tiene su patrimonio y su estilo medieval». Eso sí, Vergara recalca que, «realmente», fue «su gente» la que le terminó por enamorar, ya que allí el vecindario se alza «como en una pequeña familia». 

Vergara explica que «la idea de venir a un pueblo» siempre les había cautivado y, si iban a dar el paso, «debía ser este» municipio. Asimismo, comenta que, por conocidos suyos, sabe que «muchos lugares cercanos a Vitoria son pueblos dormitorio, porque en Vitoria el alquiler es muy caro». En cambio, Santa Gadea está lleno de vida y, más aún, cuando se acerca «el periodo estival o el fin de semana, porque viene gente con casa aquí», aunque con ello no pierden su dulce dosis de «paz y tranquilidad».