La peor Nochebuena (con el mejor final)

Á.M. / Burgos
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Martín Serrano, periodista de DB, sufrió un ictus en la tarde del 24 de diciembre de 2022. Un año después, cuenta la experiencia en primera persona para hacer didáctica de un riesgo que no avisa

Martín, junto a Virginia Cuevas, la trabajadora de la cafetería que le ayudó, en el lugar de ‘los hechos’ un año después. - Foto: Luis López Araico

Martín es un tipo discreto y poco dado a los excesos -que acostumbra a conocer en la piel de los demás-. Se viste de sí mismo, lleva 35 años en los medios, trabaja en la sala de máquinas de este periódico -del que es redactor jefe- y oficia una vida saludable. Camina por la ciudad los días de labor y por toda la provincia cuando libra. Come mandarinas compulsivamente, no ha fumado nunca y bebe pocas veces y poca cantidad. Tiene una familia estable, un envidiable sentido del humor y un fondo de conocimiento que le apuntala como un hombre tranquilo que no se atora ni cuando su Burgos CF le endosa un tostón de época en su abono de El Plantío. Martín es el último tipo por el que apostábamos en esta redacción para ser carne de un ictus, pero en la Nochebuena del año pasado una vena de su cerebro estalló y le puso de nalgas frente a la vida, que entró en un territorio incierto sin acuse de recibo.

Por su reservada condición, accede a pasar por estas páginas «porque entiendo que si se puede mandar un mensaje positivo a la gente que tiene la mala suerte de sufrir un ictus, hay que hacerlo». La historia tiene final feliz, pero apuntaba a tragedia. Arranca en el bar del hotel Los Braseros que hay en la confluencia de las calles Severo Ochoa y Luis Cernuda, una bella coincidencia propia de un callejero ilustrado. «Eran las seis y media de la tarde, más o menos. Estaba tomándome un café y viendo las noticias en el móvil -porque el periódico estaba ocupado- para hacer tiempo hasta que llegaran mis hijas, que habían quedado con amigas, e irnos al pueblo a pasar la Nochebuena con mi madre. Fátima -su mujer- ya había salido y la idea era irnos en unos minutos». Hasta ahí, todo muy normal. Muy de Nochebuena.

La cosa se puso peor cuando sintió «un pinchazo intensísimo aquí -se señala la parte trasera de la cabeza-, algo que no me había pasado nunca». «Llevaba siempre una pastilla -continúa- porque solía tener migrañas, pero ese dolor no me pareció normal. No me jodas que me va a dar un ictus y encima en Nochebuena, pensé... Aguanté un minuto o dos y busqué en el móvil los síntomas del ictus. Dos o tres no coincidían, pero otros sí. Me levanté, fui donde una trabajadora del hotel y le dije: te voy a dar un susto de muerte, pero va en serio. Me está dando un ictus y en unos minutos pasará algo grave. Llama por favor al 112 y mira si hay algún médico en el centro de salud de enfrente».

(El reportaje completo, en la edición impresa o aquí)