Juguetes sin barreras

B.G.R. / Burgos
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Alumnos de FP Básica del Padre Aramburu priorizan la adaptación de muñecos, peluches o robots para niños con discapacidad. Es el único centro burgalés que participa en un proyecto nacional al que quiere dar continuidad

Estudiantes y profesores de segundo del ciclo de Informática y Comunicaciones implicados en esta iniciativa. - Foto: Alberto Rodrigo

Su proyecto de curso pasa por el desarrollo de fuentes de alimentación a partir de materiales reciclados con el fin de buscar un destino en países en vías de desarrollo que se beneficien de su inferior coste. No han apartado de sus tareas este objetivo, si bien en diciembre llegó un cometido que por sus características, tanto técnicas como sociales, se impuso a cualquier otro trabajo en el aula. Se trata de la adaptación de juguetes para niños con discapacidad, principalmente motora, que permite la eliminación de cualquier barrera para su disfrute.

Bajo el título de Jugar es obligatorio, los diez alumnos de segundo del ciclo de FP Básica de Informática y Comunicaciones se emplean con afán en este reto nacional promovido por un grupo de investigación de la Universidad de Castilla-La Mancha y La fábrica de palabras, centro de enseñanza y alfabetización dirigido a personas con necesidades complejas de comunicación con sede en Toledo. Su volumen de trabajo por la elevada demanda de familias y entidades sin ánimo de lucro es tal que acudieron a la Fundación Orange para solicitar ayuda en este cometido. 

Fue esta última entidad la que a finales de año se puso en contacto con el Padre Aramburu para buscar su implicación en el proyecto, ya que este centro de Formación Profesional burgalés forma parte de su iniciativa Garage Lab, con la que se busca frenar la brecha digital desde los estudios de FP Básica. «Creímos que era una buena idea desde varias perspectivas», explica Roberto Pascual, profesor y tutor de los alumnos que participan en el proyecto. Por un lado, hace referencia a que se trata de un objetivo que «trasciende al aula al permitir modificar el entorno», además de que alaba su utilidad y aplicación práctica a la realidad, para finalizar subrayando su impacto en el rendimiento académico al conseguir una mayor implicación de los estudiantes. En este punto, agrega, que ese beneficio resulta aún mayor al suponer una oportunidad para que estos jóvenes afiancen su presencia en el sistema educativo.

Antes de incorporar los nuevos dispositivos tienen que desmontar el objeto.Antes de incorporar los nuevos dispositivos tienen que desmontar el objeto. - Foto: Alberto Rodrigo

Más allá de lo que es la adaptación del juguete en sí, hay que detenerse primero en un proceso previo en el que está presente la investigación por parte del alumnado para buscar soluciones, prima el trabajo en equipo y refuerza la responsabilidad. Para ello, se emplean las llamadas metodologías ágiles, con las que las labores a desarrollar se divide en partes y se distribuyen entre los estudiantes. «Este tipo de organización es la que demandan las empresas cuando llegan al mercado laboral», precisa Pascual, quien incluye entre las tareas a realizar desde aprender a coser hasta buscar componentes adecuados y prepararlos para su empleo.

En concreto, el principal cometido de estos alumnos pasa por el desarrollo de un pulsador que tienen que incluir en el juguete para facilitar su uso a menores con discapacidad, de tal forma que su puesta en funcionamiento requiere de una mínima fuerza. Esto conlleva un desmontaje previo y una modificación posterior del objeto. Además, la tecnología esta muy presente en esta clase práctica, ya que la confección de dichos dispositivos se efectúa mediante una impresora en tres dimensiones. Hasta el momento han recibido una decena de juguetes, principalmente muñecos, peluches y algún robot, y su adaptación resulta prioritaria debido a su «urgencia». «Hay un niño que está esperando», remarca el también tutor de este grupo.

La atención en clase es máxima mientras manipulan los juguetes, tal y como evidencia un silencio que solo se rompe ante cualquier duda que preguntar a los profesores. Lo reconocen los alumnos, como David Oleksandr, quien valora por encima de todo el hecho de que «ayudamos a la gente», sin dejar de asegurar que «cada día aprendemos cosas nuevas que nos servirán para un futuro». Con todos estos alicientes, la intención del centro, el único de Burgos que participa en el programa, pasa por dar continuidad al proyecto el próximo curso. Forma parte de un equipo integrado por más de 20 colegios.