Una arandina trabaja en Nepal en medio de los efectos del terremoto

I.M.L. / Burgos
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Laura Hernández es la coordinadora de los voluntarios de la ONG Nepal Sonríe, con base en la localidad de Hetauda, en una casa de acogida para niños discapacitados y huérfanos

Laura Hernández comprueba el estado de una casa derruida, mientras una niña posa para la foto. / carlota collazos - Foto: Carlota Collazos

Una cooperante arandina está viviendo sobre el terreno las continuas réplicas de terremoto que asoló Nepal el pasado 25 de abril. Laura Hernández Rollizo partió hacia el país asiático el 9 de mayo en un viaje que se retrasó más de lo esperado debido a que los aeropuertos de la zona priorizaban la llegada de aviones con ayuda humanitaria de urgencia. Una vez allí, fue testigo directo de la primera de las grandes réplicas registrada el día 12, casi tan fuerte como el primer seísmo, afortunadamente sin consecuencias personales en su entorno. «Es la primera vez que tengo esta experiencia y aunque se sintió muy fuerte, duró unos segundos. Parece que el suelo le mueve bajo tus pies como una ola. Sentí mareo», explica Laura.
Ella ha viajado hasta allí con la ONG Nepal Sonríe, que colabora con una asociación local en la localidad de Hetauda, una población de 80.000 habitantes que se encuentra al sur oeste de Katmandhú. Allí está desarrollando las labores de coordinación de los voluntarios que llegan cada tres semanas y su trabajo se centra en las personas más débiles: los niños y las mujeres. Trabajan en un casa de acogida para niños de 4 a 18 años con minusvalías físicas o mentales, huérfanos o con familias de escasos recursos. Además, apoyan la emancipación de la mujer ya que todo el personal contratado en la casa es femenino y están construyendo una guardería en una zona cercana más deprimida aún.   
 
Aprender de ellos.
En situaciones extremas como las que se están viviendo en Nepal con estas continuas réplicas sísmicas (el sábado sintieron otra muy fuerte), los cooperantes tienen en los habitantes del lugar un espejo en el que mirarse y saber así cómo actuar. «Todos los habitantes de la casa salimos hacia fuera, al descampado y después de unas horas, todo volvió a la normalidad. Hubo una replicar justo esta noche y me di cuenta de que las alarmas ya saltan a la mínima», reconoce Laura, que espera que, como aseguran los expertos, los seísmos vayan bajando en intensidad poco a poco y dejen de producirse en uno o dos meses.
Entre los habitantes de la casa de acogida se dieron imágenes de solidaridad dignas de reconocimiento, con niños ayudando a los que tenían más problemas a salir del edificio. «Ellos ya saben lo que tienen que hacer que es salir de la casa e ir al descampado. Se ayudan mucho los unos a los otros, aquí hay niños que no tienen movilidad, con parálisis cerebral y algunos que se asustan mucho después del movimiento. Les damos apoyo entre todos hasta que se calman», relata Laura.
Con la situación más tranquila, los voluntarios que coordina Laura han podido terminar las visitas a las 15 familias con las que van a colaborar en la reconstrucción de sus casas, que viven en zonas rurales del entorno de Hetauda, que es el proyecto al que Nepal Sonríe va a destinar la recaudación que consiga ahora. «La problemática es el acceso a esos lugares, hay que cruzar ríos y subir montañas para llegar hasta ellas. Llevamos una media de 13 horas de pateo al día bajo un calor intenso que agota. Pero es un proyecto emotivo, las comunidades se vuelcan con sus vecinos y la solidaridad está presente», reconoce la cooperante arandina.
Laura es consciente de que no todo el mundo puede colaborar con esta causa con apoyo económico, dada la situación actual, pero insiste en que cada uno puede ayudar en la medida de sus posibilidades. «Cada cual puede aportar su granito para mejorar la situación de esta comunidad nepalí y la de muchas otras en otros países y en el nuestro. Todos podemos hacer algo, donar nuestro tiempo, nuestro trabajo, atención, afecto, no se trata sólo de nuestro dinero», asegura, poniendo como ejemplo a «un amigo traductor se ofreció a traducir todos los contratos y documentos a inglés porque él ahora mismo está desempleado y no puede donar».
Esta marcada tendencia a la solidaridad la ha vivido Laura desde pequeña en su casa, de la mano de una madre que siempre está solícita a ayudar en lo que pueda. «Durante toda la vida en la familia hemos hecho nuestra pequeña aportación, mi madre colabora con las CEAS, la Asociación Contra el Cáncer, etc. Hasta viajamos juntas en el año 96 a Bosnia a realizar una colaboración allí con una ONG», recuerda. Si alguien quiere echar una mano en este proyecto, en la web www.nepalsonrie.org puede encontrar los canales.