Cuando el antipapa Clemente rezó en la Catedral

R. PÉREZ BARREDO / Burgos
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La secta Pía Unión Sancti Pauli Apostoli que está amparando a las clarisas de Belorado está relacionada con la Iglesia Palmariana, otra secta cuyo líder, autoproclamado Papa Gregorio XVII, visitó en tres ocasiones la seo burgalesa

En el interior de la seo, rodeado por algunos de sus obispos, el líder de la Iglesia Palmariana despertó el interés de muchos curiosos. - Foto: Archivo de DB. Fondo Fede

Tras el cisma de las clarisas -terremoto con epicentro en Belorado y consecuencias aún imprevisibles que tiene a la grey en una ¡ay!- existe una conexión que relaciona a estas monjas levantiscas con la Santa Sede con una secta a su vez emparentada con una de las más afamadas -por estrambóticas y delirantes- de la reciente historia de España: la Iglesia Cristiana Palmariana de los Carmelitas de la Santa Faz; esto es, con ese grupo de fervorosos fanáticos que desde los años 70 del pasado siglo tiene su particular 'vaticano' en una estrafalaria basílica erigida en mitad de un secarral cercano al pueblo sevillano de El Palmar de Troya. Océanos de tinta en forma de artículos de prensa, ensayos, novelas y hasta series documentales han tratado de arrojar luz en torno a esa escisión herética que tuvo, hasta su muerte en 2005, un líder omnímodo llamado Clemente Domínguez, autoproclamado Papa con el nombre de Gregorio XVII en agosto de 1978.

Este personaje, crecido al calor de las presuntas visiones que cuatro criaturillas dijeron haber tenido cierto día en la finca de La Alcaparroa lindante a la citada localidad andaluza, se hizo el amo y señor de esas apariciones marianas para montarse un chiringuito que, durante lustros, le procuró pingües beneficios económicos, amén de un vidorro en el que nunca faltaron etílicas bacanales y saturnales orgías sexuales que no siempre contaron con la aprobación de todos sus participantes: el antipapa, según se acabaría sabiendo por miembros que abandonaron esa secta, era un abusador, un depredador sexual, además de crematístico. Sin embargo, en pleno tardofranquismo llegó a tener predicamento, viniéndose aún más arriba cuando el dictador Francisco Franco (al que esta iglesia, dicho sea de paso, canonizó junto José Antonio Primo de Rivera, Don Pelayo o Cristóbal Colón).

Este personaje se paseó por Burgos en ciertas ocasiones, y eso que la Santa Sede ya había excomulgado a toda la curia de la Iglesia Palmariana en el año 1976. Sucedió después de que Clemente Domínguez, su carismático líder, sufriera un accidente de tráfico a su regreso a España procedente de un viaje a Francia por el que perdió la vista. Tuvieron que extirparle los dos ojos, y no fueron pocos los feligreses que ofrecieron los suyos con tal de que su entonces aún obispo siguiera pasatoreándoles. No necesitó contar con visión el susodicho para seguir llevando a cabo su misión evangélica. Más al contrario: a falta de ver con los ojos, dijo hacerlo con el espíritu. Y menuda vista la suya, de puro lince, ya que al poco tiempo anunció que había recibido en visión (sic) un mensaje de Jesucristo. Que rezaba, entre otras cosas, lo siguiente: Tú serás el futuro Pedro: el Papa que consolidará la fe en la integridad de la Iglesia, luchando contra las herejías con gran fuerza, porque te asistirán legiones de ángeles.

En agosto de 1979, pocos meses antes de autoproclamarse Papa, Clemente Domínguez (en el centro, bajo el paraguas que sostiene un acólito), visitó el primer templo metropolitano.En agosto de 1979, pocos meses antes de autoproclamarse Papa, Clemente Domínguez (en el centro, bajo el paraguas que sostiene un acólito), visitó el primer templo metropolitano. - Foto: Archivo de DB. Fondo Fede

No fue el único mensajito que el invidente dijo haber percibido con clarividencia. Según afirmó, en ese éxtasis comunicativo con el Altísimo éste abundó en detalles: He de decirte que, del accidente que tuviste recientemente, intervino Satanás y sus secuaces para destruirte. Si no es por la intervención de la gloriosa VirgenMaría, la muerte la tuviste en las manos. Debió estar locuaz aquel día el Señor, ya que le participó a Clemente todo tipo de anuncios: Ya es hora que se sepa la verdad: estoy preparando al futuro Papa, paso a paso. Ahora sufres esta cruz. después, vendrá otra mayor. Hasta que, al final, desde la vida por mí (...) Reinarás con el nombre de Gregorio: ya lo sabéis, la gloria de las olivas, el Papa que, además de llevar sangre española, lleva sangre francesa y sangre judía. Ya está aclarado el enigma del gran Papa que surgirá. Hélo aquí: el gran Papa Gregorio. Tamaña responsabilidad no podía estar exenta -ridículos estigmas aparte- de un milagro por su sitio: Cuando tú recuperes la vista será causa de conversión de muchos pecadores, dijo Clemente que le apuntó Dios, nunca sabremos si al oído o en una visión que sólo podía ser ya espiritual por haberse producido cuando el obispo del Palmar ya había perdido los ojos.

Puede que ese anhelo fuera uno de los motivos que le llevó en tres ocasiones a visitar Burgos, y más concretamente su Catedral. No en vano, la gran joya del gótico español atesora una imagen veneradísima en Andalucía, el Santo Cristo de Burgos, de la que eran fan el tal Clemente, mientras que en el retablo de la capilla de Santa Tecla se encuentra una imagen de Santa Lucía, patrona de los ciegos. Pocos meses antes de autoproclamarse Papa siguiendo los designios divinos, pasó por el primer templo metropolitano acompañado de una cohorte de obispos y seguidores.

Regresaría, ya convertido en antipapa para la Iglesia de Roma, a repetir oraciones frente a ambas imágenes catedralicias. Fue en 1979. Pero todavía regresó Gregorio XVII una vez más a Burgos, en mayo de 1982, meses antes de que Juan Pablo II, a quien la Iglesia Palmariana había excomulgado por usurpador, apóstata, traidor y aliado del Anticristo, visitara España. En ninguna de aquellas visitas hizo el siniestro personaje declaración alguna a la prensa, pero el siempre atento Fede, memoria gráfica de esta ciudad, le pudo retratar en dos de aquellas visitas. Nunca regresó a Burgos. Ya en los años 90, acechado por las denuncias, terminó confesando abusos sexuales a sacerdotes y monjas de la Orden por él fundada. Pidió perdón por ellos. Si su devoción por el Cristo de Burgos le procuró algún bien, nunca lo sabremos. Sí se supo que Santa Lucía no obró con él milagro alguno: jamás recuperó la vista, aunque nunca dejó de ver claro -cristalino- cómo manipular, engañar, abusar y enriquecerse a manos llenas a costa de la ingenuidad de mucha gente.