Del hockey a brillar en los fogones tras una lesión

L.N. / Aranda
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El chef arandino Andrés Esgueva, de 22 años, dio un giro radical a sus estudios y ahora ha logrado ser finalista del premio Promesas de la Alta Cocina, que se celebrará en abril en Madrid

El cocinero arandino Andrés Esgueva lleva unos meses trabajando en los fogones del restaurante Ambivium en la localidad vallisoletana de Peñafiel. - Foto: A. Saiz

El destino tiene carambolas inesperadas. Algo así le sucedió al arandino Andrés Esgueva González. Hace cuatro años, comenzó a estudiar un grado relacionado con el deporte. También competía a alto nivel en hockey. Pero se rompió el menisco y sufrió un esguince de  grado 2 en el ligamento cruzado. Cuenta que, como apenas podía moverse, le dio por ver vídeos y preparar recetas. Siempre había sido «de buen comer», pero admite que hasta ese momento apenas se había planteado cocinar «más allá de unos macarrones con tomate».

Le picó tanto el gusanillo gastronómico que decidió dar un giro de 180 grados a su vida y optar por estudiar el grado medio de cocina en Valladolid. Allí tuvo «la suerte» de coincidir con un profesor que, según dice, le inculcó la pasión por los fogones. Así que tras acabar esos estudios ha continuado con el grado superior, que está a punto de finalizar. Entre tanto, se ha colado como uno de los finalistas de la edición número 12 del Premio Promesas de la Alta Cocina de Le Cordon Bleu. Ya se presentó cuando era alumno del grado medio, pero no llegó a la final. Tenía esa espinita clavada y ahora lo intenta de nuevo. La final se disputará el 16 de abril en Madrid y Esgueva ya está dando vueltas a cómo maridar el pichón con los cangrejos de río, arroz y una guarnición vegetal. Es la propuesta que les han encomendado a los diez finalistas desde la prestigiosa escuela. El arandino admite que «es lo último» que se esperaba y que ya le está generando algún que otro dolor de cabeza. Pero los retos le motivan e investigar también. De hecho, asegura que se está preparando para dar lo mejor de sí mismo a base «de leer muchos libros, ver vídeos de recetas francesas, de las técnicas que aplican...». 

Estoy preparando la final a base de leer muchos libros, ver vídeos de recetas francesas, sus técnicas... y ya deseando que llegue el día"

Aunque a priori pueda resultar una combinación de ingredientes un tanto peculiar, Andrés Esgueva indica que se trata de «encontrar una buena conexión y, sobre todo, de estar a la altura». Porque en Le Cordon Bleu «son exigentes». A su favor juegan dos elementos. Por un lado, destaca que el pichón es un producto que maneja prácticamente a diario en el vanguardista restaurante Ambivium, donde trabaja desde hace unos meses. Ahí es nada como debut. Incluso, en tono de broma, dice no arrepentirse de aquella grave lesión que sufrió con 18 años. «En ese momento no la quería, pero mira». 

Y, por otro lado, Esgueva recuerda que los cangrejos de río son típicos de Aranda y que su abuela se los hacía con tomate. Así que ahí anda, dando vueltas para presentar una receta que le permita hacerse con una de las becas que concede Le Cordon Bleu, valoradas en 26.000 euros para el primer clasificado y en 9.500 para el segundo. «Si lo logro sería un reconocimiento al esfuerzo y una recompensa que no tiene precio», dice esperanzado. 

Me queda mucho por aprender y viajar, pero claro que sueño con montar algún día mi propio restaurante en Aranda"

Sueños. Y, puestos a soñar, a Esgueva le gustaría montar su propio restaurante en la ciudad que le ha visto crecer. «Soñar sueño con ello, no voy a decir que no. Ojalá», sostiene, mientras subraya que le queda «mucho por aprender y por viajar». De momento, disfruta como un enano en los fogones de Ambivium y sabe que, a base de esfuerzo, se cocinan grandes proyectos.