Enraizados a una tierra tranquila

A.C. / Villarcayo
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A más de 3.500 kilómetros de sus ciudades, la colonia de ucranianos que se instaló en Villarcayo vive apartada del terror y adaptada gracias a la ayuda que recibió. Muchos piensan en quedarse tras la guerra

A más de 3.500 kilómetros de sus ciudades, 19 ucranianos echan raíces en Villarcayo. - Foto: Alberto Rodrigo

Oleksander Boyko y su esposa Vira Sichova salieron con su Lada de Nikopol, al sur de Ucrania, nada más estallar la guerra que ha cumplido su segundo aniversario. Buscaban una vida mejor para sus entonces cuatro hijos. El azar y la generosidad de Saúl Peña, Quique y Endika les trajo hasta Villarcayo. Creían que iban a estar solos. Pero se encontraron con una comunidad que llegó a sumar un total de 28 compatriotas y una cadena de favores y voluntariado por parte de una veintena de villarcayeses que se volcó en el bienestar de todos los ucranianos que buscaban una alternativa al terror. Al frente de este grupo de apoyo se encontraba la entonces concejal de Asuntos Sociales, Natalia Fernández.

En Nikopol «siguen cayendo bombas cada día y cada noche», cuentan. Pero su pequeño David, que nació a los dos meses de llegar, en mayo de 2022, en el Centro de Salud de Villarcayo -no dio tiempo a llegar al hospital- nunca ha escuchado el estruendo mortal del Ejército ruso. Es el quinto y definitivo. Oleksander habla poco español, pero sí acierta a pronunciar con una sonrisa que con David ya son «cinco y fiesta, suficientes».

La colonia ucraniana suma ahora un total de 19 personas. Algunas de ellas, como Veronika Stavytska-Herych y su hija Viktoriia, a punto de cumplir 4 añitos, se han mudado a Medina de Pomar. Los que faltan han decidido regresar a su tierra, pese al horror que se vive en Ucrania. Veronika insiste en que los medios de comunicación no cuentan la realidad y que «cada día caen bombas, cada noche, cada día mueren personas, cada día hay problemas con el agua, la luz, el gas de la calefacción...». Cuando habla de la guerra lo hace rápido, sin temor a equivocarse. Tiene claro lo que dice.

Veronika y Viktoria, madre e hija, de 29 y 4 años.Veronika y Viktoria, madre e hija, de 29 y 4 años. - Foto: Alberto Rodrigo

Huyó de Kiev porque quería evitarle cualquier peligro a la niña. Lo hizo junto a su hermano Mykhailo, cuando ambos tenían solo 27 y 17 años, respectivamente. «Tenía miedo. No sabes si va a venir una bomba y si mata a mi niña, qué voy a hacer. Empezamos a vivir de cero», explica esta joven luchadora, quien mejor traduce a sus compatriotas, entre otras cosas, porque el amor que ha encontrado aquí le ayuda a aprender más español.

Veronika no sabe qué hará cuando acabe la contienda con Rusia. Kateryna Hryshko, de 33 años, que dejó atrás la ciudad de Glukhiv y vive en Villarcayo junto a su marido y sus hijos, María, de 2 años, y Mykhail, de 5, quiere quedarse por sus hijos, aunque la decisión tendrá que consensuarla con su pareja.  Si algo le gusta de la villa es que es un lugar «muy tranquilo, no peligroso». Oleksander y Vira ya han decidido que permanecerán en Villarcayo. En la villa son felices. Les gusta «como son los españoles, el colegio, la ayuda, conocen buenas personas, van a la iglesia ortodoxa cada domingo...», traduce Veronika. También destacan su entorno natural, sus montañas, su río y su tranquilidad.

El matrimonio es optimista. Si todo va bien, él continuará en su empleo como operario en una fábrica de material contra incendios en el polígono, donde está empleado desde hace un año y medio. Ella tratará de dar salida a los cuadros inspirados en la naturaleza que pinta cuando los niños están en el colegio y que ya creaba en Ucrania. De momento, solo tienen que pagar las facturas de la vivienda que alquilaron porque realizaron una reforma que compensa el coste del alquiler.

Oleksander, Vira y sus 5 hijos forman la familia Boiko.Oleksander, Vira y sus 5 hijos forman la familia Boiko. - Foto: Alberto Rodrigo

Lo primero, el trabajo. Para Veronika encontrar trabajo es la prioridad, al igual que para Kateryna. Afirma que ha hecho solicitudes de empleo en todas las cadenas de supermercados y en fábricas agroalimentarias del polígono de Villarcayo, pero solo ha podido trabajar unos meses en el sector de la limpieza en una casa y en oficinas. Busca un empleo de lunes a viernes que no le exija ausentarse de noche, porque necesita cuidar de su pequeña. Afirma que solo encuentra oportunidades en la hostelería y el trabajo los fines de semana es incompatible con su pequeña.

Kateryna trabajó en una pizzería el pasado verano y espera repetir el que viene. Su profesión en Ucrania era la de técnico de guardería. Aquí es inviable. Veronika tiene el grado universitario de Economía, pero debería de convalidarlo en España y ya no quiere estudiar más. Se conforma con todo tipo de empleos, siempre que le dejen tiempo para su hija.

Su hermano Mykhailo, quien trabajó en el Restaurante Manduca, estudia desde septiembre en la Universidad de Salamanca con una beca. Se ha matriculado en Filología Clásica, porque cuando llegó ya no había plazas para la inglesa, que era su objetivo. Ya había cursado el primer año a distancia en el Instituto Pedagógico Estatal de Lenguas Extranjeras de Gorlovka, pero lo perderá y deberá de empezar de cero. En Medina de Pomar, Veronika trata de labrarse un futuro. Se está sacando el carné de conducir para tener más oportunidades. Es una valiente que sigue luchando. 

Katerina, María y Mykhail, madre de 33 años y sus dos hijos, de 2 y 5 años.Katerina, María y Mykhail, madre de 33 años y sus dos hijos, de 2 y 5 años. - Foto: Alberto Rodrigo

Veronika y Viktoriia | Madre e hija, de 29 y 4 años

Veronika Stavytska-Herych llegó en marzo de 2022 a Villarcayo, al poco de comenzar la guerra. Traía a su bebé, de entonces 1 año y 11 meses, Viktoriia. Ella la empujó a huir de Kiev junto a su hermano Mykhailo, de 19 años, que desde septiembre estudia Filología Clásica en la Universidad de Salamanca.

Allí tiene a sus padres, abuelos, tíos, primos, pero no quiere vivir bajo el terror de las bombas que asegura que caen cada día y cada noche sobre la ciudad. Se ha trasladado a Medina de Pomar por amor y busca empleo, su principal prioridad. 

El pequeño David Boiko nació en Villarcayo.El pequeño David Boiko nació en Villarcayo. - Foto: Alberto Rodrigo

Oleksander, Vira y sus 5 hijos | Familia Boiko 

La supernumerosa familia de Oleksander Boiko y Vira Sichova llegó en marzo de 2022 a Villarcayo con cuatro niños de la mano:Artem, de 12 años ahora; Anastasia, de 11; Andri, de 9; y Nazar, de 4. Al poco de llegar a comienzos de mayo del 22 nació el pequeño David en el seno de esta familia religiosa y practicante. Su sonrisa y su aspecto lo dice todo. Ajeno a la guerra ha crecido sano y feliz.

Oleksander trabaja en el polígono de Villarcayo en una empresa fabricante de material contra incendios y Vira quiere buscar salida a sus cuadros inspirados en la naturaleza.

Kateryna. María y Mykhail | Madre, de 33 años y sus dos hijos, de 2 y 5

Kateryna llegó el 1 de abril de 2022 a Villarcayo con su marido y sus dos hijos, María, que ahora tiene 2 años, y Mykhail, de 5. La pequeña solo habla español, porque llegó con unos meses, pero entiende el ucraniano y su madre espera que cualquier día pronuncie sus primeras palabras en el idioma de sus padres.

Ha trabajado en una pizzería y en limpieza y espera volver a la pizzería este verano, aunque le gustaría contar con un empleo estable. Es su principal deseo, a pesar de que su marido es transportista de viajes internacionales y tiene trabajo asegurado.