La discreción gana terreno a las gorras y los tatuajes

I.E.
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Los signos que identifican a los miembros de las bandas son mucho menos visibles para evitar que la Policía los tengan fichados

Policías locales registran a un menor en las canchas situadas en los alrededores del Silo. - Foto: Valdivielso

Con su incorporación a una banda los jóvenes lo que buscan es una identidad, un sentimiento de pertenencia a un grupo que no aprecian ni a nivel familiar ni social. Esa falta de reconocimiento en varios niveles conduce a muchos de ellos, según la Policía Local, a integrarse en pandillas que tratan de hacerse respetar a fuerza de actos violentos. «Quieren hacerse valer con agresiones y con robos, sentirse intocables por quienes pueden constituir una amenaza», explica Juan Ignacio Romo, inspector jefe operativo del Cuerpo municipal de seguridad.

Después de lo más duro de la pandemia, la Policía Local ha detectado que estos grupos «han aumentado en un buen porcentaje en la ciudad y que su conducta se ha radicalizado respecto a antes de la irrupción de la covid».

«Gran parte de la ciudadanía se toma la vida ahora como si no hubiera un mañana, después de ese más de un año de restricciones, y ese comportamiento se ha agravado en el caso de muchos jóvenes, que beben más, que cometen más agresiones», comenta el mando policial.

Las bandas con presencia en la ciudad -tanto de extrema izquierda como los GLK, los Trinitarios y los Latin Kings- poco tienen que ver ya con la imagen que de ellas han proyectado tradicionalmente los medios de comunicación. Sus integrantes están muy alejados de la estética de las maras existentes en Estados Unidos y Centroamérica, cargados con tatuajes hasta en la cara, gorras, pañuelos identificativos y, en definitiva, una estética que los hace fácilmente identificables tanto entre ellos como para los demás. Y en esta última circunstancia es donde radica el problema que han detectado estos grupos violentos, que por sus ropas y signos externos son fácilmente rastreables por las fuerzas y cuerpos de seguridad. De manera que apenas llevan tatuajes y si lo hacen van ocultos por la ropa Tampoco se les distingue por los atuendos.

Lo que sí hacen -sobre todo los GLK- es invadir la ciudad de pintadas en las que se pueden leer sus siglas, en una intención de «marcar su territorio». Como se trata de grafitis de bandas juveniles delictivas, en cuanto la Policía Local los detecta se informa a la empresa de limpieza para que los elimine de forma automática.

A pesar de que no son fácilmente identificables, el Cuerpo municipal tiene a la mayoría 'fichados', pues a no pocos de ellos los ha identificado por tenencia de estupefacientes y armas blancas. En este sentido, explica Juan Ignacio Romo, «es necesario estar encima de ellos, que sientan el aliento de la Policía en el cogote, con el fin de que su conducta violenta vaya a menos». «En eso estamos y en eso hay que trabajar para que estas situaciones no se agraven con el paso del tiempo», afirma el mando policial.