Roberto Peral

Habas Contadas

Roberto Peral


Qué trabajos

05/02/2024

A los españoles, que tontos no somos, siempre nos va a parecer de perlas la posibilidad de trabajar un poquito menos, así que no es de extrañar que dos de cada tres de nuestros compatriotas, sea cual sea su adscripción ideológica, apoyen la iniciativa gubernamental de reducir la jornada laboral de las 40 horas semanales en vigor desde 1983 a 38,5 horas durante este año y a 37,5 para el próximo, por mucho que los empresarios sientan al diablo en su costado cada vez que les sacan el tema.

A los profesionales autónomos, claro, todo esto nos sigue sonando a música celestial, pues sabemos de sobra que tal alivio siempre quedará lejos de nuestro alcance, y nos limitamos a soñar con el día en que podamos llevar a término la manida teoría que recomienda dividir el día en ocho horas de labor, otras ocho dedicadas a hacer deporte, tomar unas cañas con los amigos o ir al cine a ver la última de Juan Antonio Bayona y las ocho restantes consagradas al descanso, si es que las preocupaciones económicas y la incertidumbre laboral le dejan a uno conciliar el sueño. 

Pero lo tiene, para qué mentir, toda esa tropa de infantería que se ve abocada en nuestro país al pluriempleo (y a unas jornadas de trabajo en muchos casos agotadoras) para poder llegar a fin de mes, que suman 5.700 personas en la provincia de Burgos y cerca de medio millón en España, en una tendencia que no ha parado de crecer en los últimos años. Como bien se puede colegir, la pervivencia de aquella añeja costumbre laboral del franquismo según la cual el maquinista que guiaba un tren por las mañanas acudía por la tarde a arreglar pinchazos al taller de su cuñado pervive hoy entre los sectores sociales peor tratados por el mercado de trabajo: el pluriempleo es más común entre los empleados con ingresos más bajos y entre los menores de 25 años.

Supone uno que a todas esas almas desdichadas que tienen que ocuparse en dos o más empleos para poder sobrevivir les entrará la risa floja cuando oyen hablar de que la reducción de la jornada laboral no implicará una bajada de los salarios, o al oír lloriquear a los autónomos que en el mundo somos. Así que desde aquí nos limitamos a desearles que, al menos, puedan dormir las ocho horitas de rigor.