La anatomía de las estafas amorosas

Lluís Lozano (EFE)
-

El suceso ocurrido en la localidad de Morata de Tajuña evidencia un procedimiento habitual en este tipo de engaños, vinculados en muchas ocasiones a personas de avanzada edad

La anatomía de las estafas amorosas

Edward y Michael no eran quienes decían ser y tampoco mostraban su verdadero rostro. Son algunos de los estafadores del amor que supuestamente engañaron, o al menos trataron de intentarlo, a las dos hermanas asesinadas -junto a su hermano- en la localidad de Morata de Tajuña (Madrid).

Se sabía en el pueblo que tanto Amelia como Ángeles, de unos 70 años, mantenían -según ellas mismas decían- un romance con dos militares estadounidenses destinados en Afganistán, a quienes enviaron miles de euros hasta acabar en la bancarrota.

Eso las llevó a pedir dinero prestado a sus allegados, a sus vecinos y a todo aquel que quisiera ayudarles, porque así podían seguir cumpliendo con las exigencias económicas de sus novios virtuales, quienes prometían compartir con ellas una millonaria herencia.

Un procedimiento habitual en este tipo de engaños, según explica la presidenta de Asociación Nacional Contra la Estafa con Manipulación Emocional (ANCEME), Blanca Frías.

«Los estafadores se ganan su confianza haciéndoles creer que mantienen una relación sentimental y luego empiezan a pedirles dinero con cualquier excusa», expone la ejecutiva, quien indica que es habitual que las afectadas pidan préstamos para hacer frente a lo que les piden sus 'ficticios' amantes.

Los tres familiares fueron asesinados en un ajuste de cuentas por las deudas contraídas. Un ciudadano paquistaní se entregó a la Guardia Civil y reconoció los hechos. Había estado viviendo de alquiler en una habitación en la casa y ya tuvo un enfrentamiento previo con Amelia, por el que fue detenido y sometido a un juicio rápido que le llevó a prisión. Los vecinos aseguran que debían unos 60.000 euros a su inquilino, mientras que el asesino confeso desveló que les había prestado 30.000 euros para que le devolvieran en un tiempo el doble de esa cantidad.

Los cuerpos de Pepe, Amelia y Ángeles fueron encontrados quemados, apilados y con restos de sangre, cuando hacía cerca de un mes que nadie de su entorno o en la zona sabía nada de ellos. Los resultados extraídos de las autopsias arrojarán más luz sobre las causas de su muerte.

Cada vez más mayores

Aunque no existe un perfil tipo de las personas que pueden ser víctimas de una estafa del amor, sí que hay características que las hacen más vulnerables, como la edad o los problemas emocionales.

Eso lo saben bien los estafadores, asegura Frías, y por ello buscan identidades de personas solitarias, viudas, divorciadas o que sufran enfermedades como la depresión. Tanto Amelia como Ángeles eran solteras y vivían juntas con Pepe, necesitado de atención debido a su discapacidad.

Una vez han identificado a sus potenciales objetivos, el método empleado comienza con el bombardeo de mensajes engatusadores como los que recibía Ángeles en su cuenta de Facebook.

«Me asombró la increíble belleza con la que Dios te creó. Me gustaría tenerte como amigo. Tengo muchas ganas de saber más acerca de este hermoso ángel», le escribió en enero de 2021 un hombre que se hace llamar Michael Sanford y que luce una foto del exministro de Defensa de Letonia, Artis Pabriks.

El romanticismo poco a poco se va intercalando con confidencias sobre problemas personales y de índole económica.

Durante todo el proceso, las víctimas sufren ansiedad. Cuando se destapa el engaño, llegan los «sentimientos de culpa» e, incluso, intentos de suicidio, asegura Frías.