La joya de la gran modista olvidada

ANGÉLICA GONZÁLEZ / Burgos
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El vestido de novia de Cayetana de Alba, diseñado y confeccionado por la mirandesa Flora Villarreal, es uno de los platos fuertes de la exposición que hasta el próximo mes de marzo muestra en el Palacio de Liria (Madrid)

Flora Villarreal, ojeando revistas de moda en una imagen de la década de los 50. - Foto: DB

«Siempre me encantó Flora y nunca la reconocieron como a Balenciaga». Cayetana First James-Stuart, mejor conocida como la duquesa de Alba, hablaba así en sus memorias Yo, Cayetana, de la modista Flora Villarreal (Miranda de Ebro, Burgos, 1894-Madrid, 1977), que fue quien confeccionó para ella el vestido de su primera boda, una pieza en raso color marfil con encaje de Bruselas del siglo XVIII, cintura marcada y una gran falda compuesta de capas de tul superpuestas. Con él se casó con Luis Martínez de Irujo, su marido número uno y padre de todos sus hijos y triunfó en la prensa del corazón de la época. Esta prenda, que a día de hoy sigue inmaculadamente conservada junto con el embalaje que la contenía, es uno de los objetos de culto que el Palacio de Liria está mostrando en Madrid hasta el próximo mes de marzo en la exposición La moda en la Casa de Alba, comisariada por Lorenzo Caprile y Eloy Martínez de la Pera y que reúne más de un centenar de piezas procedentes de los palacios de Liria, Las Dueñas y Monterrey, y de instituciones como el Château de Compiègne, el Museo del Traje o Patrimonio Nacional, así como de un gran número de coleccionistas privados. 

Villarreal, aunque fue contemporánea de Cristóbal Balenciaga, Manuel Pertegaz, Elio Berhanyer o Pedro Rodríguez y vistió a la mayoría de las mujeres de la nobleza y la clase alta madrileña durante el franquismo, no fue ni la mitad de conocida que sus compañeros varones y cayó en el olvido más absoluto después de crear una firma muy reconocida de la alta costura y cerrarla cuando se retiró, razón por la cual nadie la reivindicó después, como recuerdan Concha Herranz e Irene Seco, conservadoras del Museo del Traje, en su artículo Flora Villarreal y su contribución a la moda española, publicado en Indumenta. Revista del Museo del Traje: «Sus precios llegaron a ser tan altos como los de los grandes maestros o más, y su firma, registrada con la etiqueta 'VILLARREAL', tuvo merecida fama. Sin embargo, la empresa desapareció tras su retirada de la profesión. Tal vez esa desaparición explique el olvido en el que su figura ha estado sumida desde entonces; las grandes enciclopedias apenas le dedican unas líneas, y no se ha llevado a cabo hasta la fecha ningún estudio profundo sobre su vida y su obra».

La profesión de ferroviario de su padre hizo que Flora naciera en Miranda de Ebro -ciudad que hace no mucho le ha dedicado una plaza- y cuentan Herranz y Seco que «desde muy temprana edad cosía para sus muñecos, y cogía cualquier prenda -por ejemplo una camisa- y la desarmaba para crear otra bien distinta. Así fue como realizó algunas prendas para vestir a sus hermanos, y después para alguna señora. A Flora le entusiasmaba la costura, ahorraba para comprar los hilos e iba a entregar sus primeros encargos andando».

Ante semejante talento, la familia la llevó enseguida a que se formara en Vitoria con la afamada modista Rosario Landa. Una década después tenía ya su taller montado en Madrid y a partir de ahí su negocio creció exponencialmente y cosió para damas de alcurnia como la marquesa de Casarriera, la de Santa Cruz, la de Florida Blanca o la de Romanones y a artistas como Gina Lollobrigida, Ava Gardner, Grace Kelly o Elizabeth Taylor.

«Villarreal -se destaca en el Museo del Traje- dirigió una firma que llegó a contar con más de cien empleados y que basó su estrategia comercial en la reproducción de modelos de alta costura francesa o en la creación de diseños propios siguiendo las tendencias de París. Para ello, la modista fue de las primeras en reiniciar el contacto directo con la capital de la moda, a la que se trasladaba varias veces al año». Y fue allí donde se surtía de materiales, como los tejidos de la casa Abraham, pero sobre todo fue una asidua al sistema de compra de patrones de alta costura establecido por la Cámara Sindical de París. Con la carte d'acheteur (carta de comprador) se tenía derecho a reproducir los modelos de Dior, Balmain, Lanvin, Castillo, Givenchy, Nina Ricci o Chanel. Por eso, del traje de novia de Cayetana de Alba se dijo que tenía «aroma de Dior».

En la exposición se podrán ver otras piezas como las que vistió la emperatriz Eugenia de Montijo, «primera gran influencer universal, gracias a la complicidad que tuvo con el creador Charles Frederick Worth», y «espectaculares vestidos procedentes del Château de Compiègne», tal y como se describe en la web del Palacio de Liria. También se incluye «la elegancia y distinción de Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, XVII duque de Alba» que adentrará al visitante «en el protocolo, la etiqueta masculina y la belleza que se oculta detrás de la uniformidad regia» y las piezas de la duquesa Cayetana «como un referente indiscutible de 'lo español' en la moda a través de grandes couturiers como Manuel Pertegaz, Christian Dior o Flora Villareal».