Burgos se hace a la mar

R. PÉREZ BARREDO / Pasajes
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La Factoría Albaola, ubicada en el puerto guipuzcoano de Pasajes, ultima la construcción artesanal de una réplica exacta del ballenero asegurado en Burgos y hundido en Terranova en el siglo XVI.

Burgos se hace a la mar - Foto: Jesús J. Matías

Xabier Agote es un romántico, un Quijote de los que quedan pocos, un tipo que, si no existiera, habría que inventarlo. Destila entusiasmo y pasión este guipuzcoano universal, carpintero de ribera especializado en la construcción de embarcaciones históricas y patrimoniales, promotor y divulgador de la cultura marítima, experto en arqueo navegación y fundador y alma mater de Albaola, factoría que se ubica en la bocana del puerto de Pasajes. Albaola es el resultado de un sueño que tuvo Xabier Agote hace cuatro décadas. Un sueño que es una maravillosa realidad y que está a punto de hacer posible otro sueño, un proyecto pionero que ha bendecido hasta la Unesco y que es, en sí mismo, un extraordinario milagro: tras una década de amoroso y paciente trabajo, en Albaola están terminando de construir -de manera absolutamente artesanal- una réplica exacta y a escala real del galeón San Juan, ballenero vasco que naufragó en las costas de Terranova (Canadá) en el siglo XVI y cuyo pecio, debido a las bajísimas temperaturas de las aguas, se conservó increíblemente bien, lo que permitió primero su minucioso estudio y ahora la construcción de una embarcación idéntica.

Aquella nao, convertida hoy en un símbolo planetario, en el gran icono y referente de todos los barcos hundidos en todos los mares y océanos, fue asegurada en el Consulado del Mar de Burgos, como pudo confirmar en los años 80 del siglo XX la investigadora canadiense Selma Huxley, descubridora de este galeón y de la fabulosa industrial ballenera gestada en la costa guipuzcoana en el siglo XVI después de zambullirse durante años en archivos como el de la Diputación de Burgos, donde hizo hallazgos fabulosos. La nave, salida de los astilleros de Pasajes en 1563, se encontraba atracada en la remota costa canadiense de Red Bay, cerca de la península de Labrador, en el otoño de 1565; estaba cargada con barriles de aceite de ballena -que en la época era el combustible más limpio, preciado, codiciado y cotizadísimo porque no ennegrecía ni emitía olor alguno- cuando una bíblica y feroz tormenta lo envió al fondo del mar.

La réplica del galeón San Juan, en cuya construcción se está empleando alquitrán y brea elaborados y llevados hasta la costa guipuzcoana por la Cabaña Real de Carreteros de Quintanar de la Sierra, está cerca de volver a surcar el océano Atlántico. Están terminando de entablar y las previsiones que manejan hablan del año que viene para la botadura, aunque Agote y su equipo, compuesto por una treintena de personas, prefieren no dar una fecha.«Todo el mundo tiene ganas de ver el barco en el agua, y yo el primero. Pero esto no es un encargo. Es un proyecto que decidimos crear nosotros, con nuestros recursos. La pandemia nos obligó a un largo parón, aunque es cierto que pudimos avanzar en otras cuestiones: hemos creado un almacén para guardar toda la madera y un nuevo espacio en el que hemos instalado una herrería, porque también todos los elementos de hierro del barco se hacen de forma artesanal. No se ha empleado otra tecnología que la que había en el siglo XVI. En esta misma sala se ha montado un telar en el que se van a fabricar las lonas de las velas del galeón. Todo este espacio será destinado a la artesanía: también haremos las poleas, que tiene cientos, barricas, remos para las chalupas...», explica el fundador y presidente de Albaola.

«Para nosotros la relación con Quintanar de la Sierra ha sido muy importante», señala Agote (...).

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