Una terapia única, pintar con Alea

A.C. / Medina de Pomar
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Los alumnos del taller artístico del Ateneo Café Universal exponen lo aprendido con el pincel, aunque lo mejor es lo que queda en el alma cada viernes

Parte de los alumnos del taller de pintura del Ateneo con Fernando Alea, en el centro. - Foto: A.C.

Disfrutar de la sabiduría y la profesionalidad de Fernando Alea es un lujo al alcance solo de los quince alumnos del taller de pintura del Ateneo Café Universal. Con 81 años y más de 60 pintando y viviendo de su arte, las clases de este artista van más allá del propio aprendizaje con los pinceles. Él es el primero que admite que «aparte de clases de pintura son sesiones de psicología». Sus alumnos corroboran el «don para unir» que tiene este hombre bueno que ha llenado de arte Medina de Pomar.

«Me encanta dar clases por el trato con la gente, me encanta hablar, saber, ayudar, que la gente aprenda», explica Alea unos minutos antes de inaugurar la exposición que hasta el día 30 reúne algunas de las obras de sus alumnos en la Casa de Cultura. «De vez en cuando hay que tocar el resorte espiritual, que las personas toquen parte de lo que tienen dentro y no usaban», dice el pintor, que anima a todo el mundo a aprender a pintar convencido de que está al alcance de «todos».

Él, para tristeza de sus alumnos, ya está pensando en el retiro. «Sigo teniendo ideas locas y de todo, pero no la misma fuerza de los 50 y los 60», admite. Presidió el Ateneo Café Universal hasta hace poco, pero va dando paso, al tiempo que se centra en su pintura. De esa no se puede retirar. Tiene tanto material en sus almacenes que cada poco rescata obras de hace décadas y van saliendo a su estudio de la calle Mayor, donde cada día pinta. Asciende por la arteria principal del casco histórico saludando a todos y observando parte de las sesenta obras del Museo al Aire Libre en que se ha convertido el casco histórico de la ciudad desde 2017, gracias a una de sus «ideas locas». 

Ahora los cuadros necesitan reparaciones, porque el sol es implacable y los deteriora. En la mañana del martes acababa de salir uno de su estudio. Dos de sus colaboradores y alumnos del taller de pintura lo recolocaron de nuevo en su sitio. Ya tiene sucesora para encargarse de la restauración de estas obras. Quizás ella no lo sabe, pero ya ha pensado en la pintora Eva Träum, promotora del espacio expositivo y de venta El nido del arte, en la calle Mayor, y con quien está trabajando para crear la nueva Asociación de Artistas de las Merindades.

El 5 de julio se inaugurará en el convento de Santa Clara una exposición colectiva a la que ya se han sumado 35 pintores, escultores y ceramistas de la comarca. Esa muestra espera que sea el punto de inflexión definitivo para unir a los artistas de Merindades. En una libreta escritos a mano tiene todos sus nombres. En su Facebook, la única red social que maneja desde la tablet, suma casi 3.000 amigos, de los que 2.000 son artistas.  Con esa ventana al mundo sigue tejiendo ideas que atraen a la ciudad multitud de eventos ligados al arte, como la próxima exposición de l pintor Alejandro Quincoces del 2 al 21 de agosto. Él mismo junto a su hijo Daniel, fotógrafo, y la acuarelista Eva Träum expondrán del 28 de junio al 10 de julio en el Ateneo. La idea es tocar paisaje, retrato, bodegón, abstracto o desnudo, entre otras especialidades, en las tres fórmulas de los autores.

Una rotura de cadera el pasado 1 de enero le retiró momentáneamente de las clases. Regresa el viernes. Volverán las tardes de terapia, que han unido un grupo de incondicionales, algunos en el taller desde su creación hace siete años. Para Mariví Lekanda fue la forma de conocer a muchas personas en la ciudad partiendo de cero. Ahora tiene la casa llena de cuadros y regala otros muchos. Pero además, asegura que cualquier dolor se te olvida al comenzar la clase. «Cuando acaba, te vuelves a acordar».