Rosalía Santaolalla

Sin entrar en detalles

Rosalía Santaolalla


La Lotería

22/12/2023

Parece que fue en la prehistoria, pero casi fue anteayer cuando recibíamos esas cadenas de correos electrónicos que, según el primer remitente, había que reenviar de forma obligatoria bajo la amenaza de tener un montón de años de mala suerte si no lo hacíamos. Desde entonces, la costumbre de jugar con nuestras supersticiones se ha ido actualizando y renovando hasta llegar, ahora mismo, a redes como Instagram, donde nos invitan a compartir una foto de alguno de nuestros viajes so pena de no poder visitar ningún destino más o menos exótico el año que viene. Estaba servidora pensando en si dejarse llevar por esa corriente o arriesgarme a no ver mundo, cuando he reparado en que la próxima vez que me dirija a ustedes en esta contraportada será ya 2024. 

En realidad, que cambie el tres por el cuatro no significa nada: no se renueva un saldo para solucionar cosas de forma automática, ojalá fuera tan fácil. Para una ciudad, por ejemplo, que comience un nuevo año puede ser la constatación de que hay aspiraciones que pueden aguantar largo tiempo sin cumplirse, aunque puedan parecer tan lógico como que una línea férrea casi recta es la mejor forma de unir dos puntos. O que un proyecto, pongamos el del Hospital de la Concepción, puede permanecer en un cajón hasta enmohecerse, bien sea porque no decidimos qué hacer con el espacio, o porque una vez que se ha escogido su destino no hay presupuesto, o porque la licencia tiene que atravesar complejos laberintos administrativos que por lo que cuentan, conllevan más dificultad que intentar imitar ese saludo con el que nos sorprendían el otro día el emérito y su hija mayor, a medio camino entre una bendición y el choca esos cinco del príncipe de Bel Air. En un año, llegará otro nuevo día de la Lotería de Navidad y sabremos si ya, por fin, nos ha tocado algo. Y no me refiero a ningún décimo.