Un cementerio lleno de vida

I.L.H. / Burgos
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Cientos de personas recorren en Burgos las tumbas de sus seres queridos y las de aquellos que sienten cercanos llenándolas de flores y de recuerdos. La jornada sirvió para rememorar a los ausentes en compañía

Una representación nutrida de la familia Cuesta, acudió a recordar a Ángel, fallecido hace seis meses. - Foto: Jesús J. Matías

Cada uno hace lo que puede con el recuerdo de sus muertos. Compartirlo en el cementerio en el día de Todos los Santos puede ser costumbre o necesidad, obligación o deseo. Hacerlo al menos rodeado de flores llena de luminosidad una jornada que para demasiados se tornó en un gris casi negro. Esa explosión de colorido es más que probable que ayude a gestionar las ausencias o que se mitiguen por la compañía.

Un nutrido grupo de la familia Cuesta, por ejemplo, decidió reunirse en torno a la tumba de su ser querido llenando ese espacio de ramos y presencia. Una veintena de miembros de varias generaciones rodearon la sepultura de Ángel, fallecido hace medio año, para recordarle acompañados. Sentados o de pie, en un silencio roto apenas por los juegos de los menores, se mantuvieron unidos buena parte de la mañana, en un acto que suponemos le habría gustado al finado. Junto a las flores, un guiño añadido a la lápida en forma de paquete de tabaco y botella identificaban la sepultura y a quien la habita.

Llena de ramos estaba también la tumba del Tío Caracoles, cuyo nicho llamaba la atención por la foto del fallecido, el apodo en grandes letras y las frases que lo acompañaban: «Fuiste padre para tus hermanos, abuelo para tus sobrinos; de los dichos de tu boca todos hemos aprendido». Un hombre de palabra, se podría decir (...).

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