Una degradación imparable que afecta al entorno

D. ALMENDRES / Burgos
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El inmenso bloque de 40 metros de altura fue un símbolo de modernidad desde su inauguración en los 60; ahora presenta una imagen pésima, con basura, pintadas, restos del botellón y rastro del vandalismo

La basura, las pintadas, los restos del botellón y el rastro del vandalismo aceleran la degradación del entorno del silo. - Foto: Luis López Araico

Inaugurado en el año 1961, el silo de Capiscol se levantó a las afueras de una ciudad que aún veía muy lejano el decisivo desarrollo industrial que estaba por llegar. Mientras tanto, el inmenso bloque de 40 metros de altura jugó durante muchos años un papel destacado en una economía que aún basaba gran parte de su actividad en la agricultura y la ganadería.

El silo fue un símbolo de modernidad en el que convivieron el ramal ferroviario que moría en sus dependencias y la playa de descarga de hormigón habilitada para facilitar la labor a los bueyes que llegaban con sus carros cargados de grano.

La dotación vivió tiempos de esplendor, hasta que llegó el polo industrial y, con ello, el imparable crecimiento urbanístico de una capital que rodeó un edificio inmerso en un proceso de obsolescencia sin retorno. Así fue hasta que en 2003 cerró sus puertas y quedó varado, a la espera de que la Junta y el Ayuntamiento lleguen a un acuerdo que permita desarrollar todo el entorno.

Cabe recordar que el silo estuvo protegido como un bien de valor arquitectónico industrial en la modificación del Plan General de Ordenación Urbana vinculada al desvío. La Junta presentó un estudio de detalle que fue aprobado definitivamente en el año 2014 y donde se certificaba la viabilidad. Poco duró aquel planteamiento, puesto que poco después el Ayuntamiento retiró la protección en otra modificación del PGOU al considerar que no merecía la pena mantenerlo.

Sin solución de futuro ni alternativa de derribo, el complejo languidece con el paso de los años y la huella de la degradación ya es palpable tanto en el edificio como en el entorno.

Objetivo del vandalismo, el silo sufrió varios incendios como el registrado en 2014. Hoy en día presenta una imagen pésima en la que la basura, los restos de botellón, las pintadas y los animales sueltos que buscan algo que llevarse al buche se mezclan con los charcos que pueblan una zona de paso aún por urbanizar y con la destartalada pista deportiva. Todo ello, a la espera de retomar las obras del centro de salud y de acondicionar el deseado parking disuasorio.