Un museo en la calle

R. PÉREZ BARREDO / Burgos
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El arte urbano se consolida no sólo como una alternativa para ahuyentar todo feísmo, sino para ofrecer belleza en los rincones más insospechados. Un regalo para los sentidos

El arte urbano conquista las calles de Burgos. - Foto: Valdivielso

Ya no son aquellos lobos nocturnos, cazadores clandestinos de muros y superficies, bombarderos sin piedad que se movían en el espacio urbano, como los definió Pérez-Reverte en su novela El francotirador paciente. Quizás quede alguno de aquellos irreverentes pioneros de un ya no tan nuevo lenguaje, es cierto, pero los artistas callejeros, los artistas urbanos, los grafiteros talentosos (no confundir con los chabacanos vándalos y su impertinente obsesión por estampar sobre cualquier superficie que una vez estuvieron allí) llegaron para quedarse. Hace tiempo. Y hablan a través de las paredes, como puede comprobar cualquier ciudadano. Y sí: es arte. Y un arte de todos y para todos. Nadie cobra por contemplar las obras en el museo de la calle. Ahí están, en lo que antes eran espantosas medianeras, paredes sin alma ni gracia, portones de garajes, verjas de comercios, callejones turbios, muros de nadie, tapias de nunca, pinturas que son obras de arte, que nos interpelan, que nos sugieren, que nos hechizan con sus formas y colores desde su silencio de spray, como si hubiesen llegado del futuro. 

Se habla de pueblos que, es cierto, han sido la avanzadilla en su apuesta por una expresión artística tan cuestionada en sus albores como reconocida casi instantáneamente: ahí está Villangómez, casi toda una capital de este movimiento; Tubilla del Lago; Belorado... Burgos también puede ya jactarse de ser una de las ciudades que exhibe en muchos de sus rincones el arte de la calle, el arte urbano. Hay maravillas incuestionables: ¿quién no haría lo que fuera para que no desapareciera nunca el mural que hay junto al solar del futuro Archivo Municipal, al ladito del palacio de Castilfalé y casi asomado a la preciosa puerta de Coronería. Por desgracia esa joya, llamada 'Mímesis' y firmada por los franceses MonkeyBird desaparecerá cuando se ejecute la citada ampliación.Hasta entonces es un hallazgo deslumbrante para quien lo contempla.

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