El bulo que 'mató' a Perales

SPC-Agencias
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El falso fallecimiento del cantante y compositor español reactiva el debate sobre las noticias no verificadas y alerta sobre la proliferación de 'fake news' en las redes sociales

Las falsas noticias son cada vez más frecuentes en cuentas anónimas de plataformas como X, la antigua Twitter. - Foto: Kai Försterling (EFE)

Durante casi una hora, José Luis Perales estuvo muerto. Lo mató una publicación anónima aparecida en las redes sociales anunciando que el popular cantante y compositor había fallecido a los 78 años a causa de un infarto.

La noticia corrió como un reguero de pólvora -incluso hubo medios y televisiones que la recogieron- obligando al finado a desmentirla, con sentido del humor, en un vídeo que publicó en su perfil oficial de Twitter. «Estoy más vivo que nunca», llegó a asegurar. Es el ejemplo más reciente de los bulos o fake news que proliferan cada vez más en las plataformas sociales. 

La circulación de mentiras como la falsa muerte de José Luis Perales, o la de Fernando Savater también días atrás, demuestran una tendencia preocupante ante la que los expertos ven necesario el aumento de métodos de verificación y la alfabetización mediática de la población. Mecanismos, en suma, para evitar la propagación de noticias no contrastadas.

«No hay que echarse las manos a la cabeza, las redes funcionan así, y tenemos que acostumbrarnos a ello», recuerda Myriam Redondo, periodista especializada en Desinformación Digital, al señalar que Twitter y otras plataformas, en las que estas noticias emergen desde cuentas anónimas, son las que «nos habitúan al impulso» y a publicar «mecánicamente y sin pensar». Sostiene que el principal problema reside en que los medios «también se sumen a la desinformación» cuando «son oportunidades increíbles para recuperar su condición de entidades necesarias y fiables» ensombrecidas por una dinámica en la que «tienes que publicar algo rápido».

A ello se suma, a juicio de Noemí Morejón, profesora de Periodismo en la Universidad Loyola Andalucía, el que estas noticias abunden en verano, cuando hay «menos noticias, más tiempo para el entretenimiento y mucho morbo».

Ejemplo de ello son, además de lo sucedido al cantante conquense y a Savater, el anuncio en X (hasta hace poco conocido como Twitter) de la supuesta muerte de Felipe González en marzo, al que siguió la de la exvicepresidenta socialista Elena Salgado o, el pasado junio, la del escritor Arturo Pérez-Reverte. En los últimos años, se han producido otras falsas necrológicas: Alberto Chicote, María Teresa Campos o Shakira son algunos de los nombres aparecidos en estas esquelas.

Si bien esta forma de desinformación ha aumentado considerablemente desde la irrupción de lo digital, la difusión de falsos fallecimientos ha sido una práctica frecuente que dio lugar a bulos previos, como la inventada muerte de Miguel Bosé, Ana Torroja o Fidel Castro o, como señala Morejón, la invención de «un falso accidente que acababa con la vida de Britney Spears y Justin Timberlake, en aquel tiempo pareja del momento».

Imitadores avispados

El método actual seguido por los creadores de bulos es a menudo el mismo: el anuncio se produce por cuentas de la red social de Elon Musk (principalmente) que imitan a las de figuras de autoridad, como el delegado del Gobierno gallego, José Ramón Gómez Besteiro en el caso de Salgado, o instituciones como la Editorial Ariel, cuya cuenta falsa anunció que Savater había dejado de existir.

Esta práctica ha hecho saltar a la fama a algunos de sus artífices más destacados, como el experiodista y profesor italiano Tommaso Debenedetti, quien vende entrevistas falsas con personajes ilustres y ha sido responsable de varias muertes inventadas, como las de J.K. Rowling, Vargas Llosa o Benedicto XVI.

Frente a ello, se plantean herramientas de verificación encargadas de desmentir estos bulos. En los departamentos de confirmación, el protocolo comienza por la monitorización de las redes y la identificación de informaciones sospechosas y manifiestamente virales. Dar mayor difusión a bulos, aunque desmentidos, podría aumentar su radio de expansión.

Tras ello, el análisis y la aclaración de la información, brindando un mayor contexto o simplemente desmintiendo las fake news, finalizan un proceso que es útil, pero insuficiente: debería ir acompañado de una alfabetización mediática.

«Que haya jóvenes o nuevas generaciones familiarizadas con los medios no significa que estén alfabetizadas mediáticamente», subraya. Esa enseñanza debe consistir en un proceso «más profundo y analítico» que comience en etapas tempranas de la vida y se mantenga como una constante. «La sabiduría se halla solo en la verdad», que dijo Goethe.