Ha crecido viendo triunfar sus paisanos Pablo Chiapella, Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Raúl Cimas o Goyo Jiménez, y ha pasado seis años probando su humor personal en esa misma tierra: «En Albacete tenemos un conocimiento del monólogo más evidente porque ellos lo han puesto de manifiesto.Y quizá por eso cuando actúo allí hay otro recibimiento, otro entender los chistes. Hay algo más de locura», sostiene Fran Pati, cómico manchego que acaba, como quien dice, de saltar esa frontera territorial para probar que su humor también es válido en Euskadi, Valencia o Burgos. «Estoy en rodaje y es mi primera vez aquí, así que espero que funcione», asegura el que fuera compañero de la burgalesa Laura del Val en el programa Showriano, de Movistar+.
La base del humor de Fran Pati es su experiencia personal, con la retranca manchega y la exageración de aliados: «Enseguida me di cuenta de que cuanto más verdad tenía, cuando contaba algo que había vivido, mejor funcionaba». Y como es de pueblo, este viernes en Cultural Cordón hablará de su experiencia cuando se trasladó a Madrid (a las 21 horas). «Paco Martínez Soria ha evolucionado», bromea al recordar al actor en La ciudad no es para mí. Porque si fuera manchego se lo tomaría como Fran Pati, que «a pesar de no encajar en algunos sitios, lo intento a muerte». Y no solo ha sabido amoldarse a la urbe, sino que se siente un urbanita más... con las taras propias de todo cómico. «Soy de pueblo, pero no el típico que llega a la ciudad y se siente perdido», asegura este albaceteño de La Roda, localidad de 15.000 habitantes.
En el espectáculo Y tú, ¿tienes pueblo?, el cómico se ríe de ese proceso de adaptación con ejemplos concretos. «Para hacer deporte en un pueblo sales a corres por el río, el monte, los caminos... pero en la ciudad la gente hace crossfit. Tampoco es lo mismo tener una mascota. Yo en Madrid he visto a la gente paseando gatos. En un pueblo van por las tapias y los tejados. ¿Quién va a pasear a un gato? ¿Vas a hacer parkour por encima de una tapia?».
Pati llega a Burgos después de probar suerte en la comedia, desistir durante nueve años mientras ejercía de diseñador gráfico y volverlo a intentar con todas las de la ley. «Al final tienes que ir a por todas. Porque en mi pueblo hay gente más graciosa, pero igual no tienen la misma cara que yo le echo», afirma recordando que su colega Laura del Val era abogada antes que cómica. «Un poco de cara dura tenemos que tener...», dice entre risas.