De guardia y para todo

F. TRESPADERNA / Burgos
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Ser alcalde de pueblo pequeño no lleva aparejado sueldo alguno, pero sí 'obligaciones' y estar disponible para cambiar una bombilla o segar la hierba. Manuel Revilla, de Celada del Camino, y Javier Muñoz, de Iglesias, saben mucho de esto

Manuel Revilla y Javier Muñoz, alcaldes de Celada del Camino e Iglesias, respectivamente. - Foto: Luis López Araico

Los alcaldes de pueblo, esos que no tienen sueldo, aunque algunos sigan pensando lo contrario, siempre están 'de guardia', las veinticuatro horas del día y todos los días del año. Son los que engrandecen la política, aunque la mayor parte de ellos no se sientan políticos y estén en el cargo por amor a su pueblo.

De ser 'chicos para todo' y ejercer de manitas saben mucho casi todos los alcaldes, solo hace falta pasearse por la provincia cualquier día para ver a regidores segando la hierba de un parque, cambiando una bombilla, leyendo el contador del agua o limpiando el centro social del pueblo. Manuel Revilla, de Celada del Camino, y Javier Muñoz, de Iglesias, son dos ejemplos de alcaldes 'currantes', aunque reconocen que en los últimos años, con los planes de empleo de la Diputación, «podemos contratar personal, a un aguacil, para que nos ayude en algunas tareas, como acondicionamientos de jardines y zonas verdes en primavera para tener el pueblo bien para el verano, pero ante cualquier emergencia los vecinos siempre nos buscan a nosotros», aseguran estos dos veteranos de las alcaldías que aspiran a repetir en el cargo otro mandato.

Revilla, carpintero-ebanista de profesión, nos recibe a las puertas del almacén municipal, donde guardan la maquinaria de jardinería y limpieza viaria para comenzar una jornada rutinaria. «Antes hacía muchas más cosas, que ahora hace el aguacil durante medio año, y he llegado a tirar quince mochilas de herbicida para tener las zonas limpias y estar los sábados con la desbrozadora sacando tiempo de donde no lo tenía», afirma el regidor de Celada del Camino. 

Con tres mandatos como alcalde a sus espaldas, y uno más como concejal, Manolo, que es como le llaman los vecinos, es un enamorado de su pueblo y siempre está disponible para ayudar a los vecinos, unos vecinos que asegura «colaboran, aunque ya no se va a arreglar los caminos y tiene que ser el ayuntamiento el que los acondicione».

Manolo, que sigue viviendo en el pueblo, está «de guardia y pendiente de todo» todos los días, asegura mientras llena de gasolina el depósito de la segadora y prepara el aceite lubricante para poner a punto todos los elementos de gimnasia para mayores, una zona que mima porque a ella acudía su padre hasta que falleció hace unos meses, recuerda Manuel, quien afirma que como él hay muchos alcaldes, «los de los pueblos pequeños estamos todo el día involucrados en ellos, es la única forma de que funcione tu pueblo». 

Hacer mucho con poco. En Celada del Camino, un pueblo que no llega al centenar de vecinos, se nota la mano de Manuel, quien matiza que han llegado a ser en el pueblo hasta 129 vecinos, unos 40 viviendo en la residencia de mayores de la localidad, «pero con esto de la covid ha descendido la población, aunque esperamos que suba de nuevo para poder volver a tener cinco concejales». Como en la mayor parte de los pueblos, muchos agricultores residen en la capital y son los fines de semana cuando las localidades rurales recuperan la vida, «pero a partir de ahora y hasta noviembre empiezan a llegar los jubilados, aunque algunos con la pandemia ya han empezado a quedarse más tiempo en el pueblo». 

Con poco presupuesto, lo que llega a través de los planes provinciales y del coto de caza, es el único recurso que tiene el municipio, el objetivo de Manuel, si logra de nuevo la Alcaldía, es renovar los contadores del agua, «para poner unos digitales, electrónicos, unos 150, para facilitar la lectura», matiza a la vez que enumera las obras que ha realizado en los últimos años.

A unos pocos kilómetros de Celada del Camino, en Iglesias, Javier Muñoz es un caso similar, aunque dispone de más tiempo porque está jubilado. Agricultor y pescadero, de profesión, recorría parte de los pueblos de comarca vendiendo pescado, a sus 73 años, Javier ejerce ahora de alcalde y aguacil. «Aquí hay que hacer de todo», afirma este alcalde manitas, que se muestra orgulloso de la bodega que se ha hecho a pico él mismo, «cuando terminaba de trabajar, algunos días hasta la una de la madrugada».

Ahora en ella produce vino, «como me enseñó con quince años mi padre», recuerda, a la vez que insiste en que para ello «solo se necesitan tres cosas: limpieza, limpieza y limpieza», asevera con el escobón en la mano mientras limpia la terraza del bar municipal, que regenta Walter, uno de los últimos vecinos en llegar a este pueblo, que presenta un aspecto muy cuidado. 

Javier, tras una primera etapa con dos mandatos, se alejó de la política y decidió volver en 2019 «porque ahora tengo tiempo, estoy jubilado, y me gusta hacer cosas por el pueblo... no me cuesta hacer lo que hago por Iglesias». En las 'tareas' que realiza casi de forma cotidiana, se encuentra mantener las zonas ajardinadas, mirar los contadores y hacer de fontanero, «o barrer si hace falta, no tengo ningún problema», asegura este regidor al que el cargo «me cuesta dinero». 

Javier, con el apoyo de Lucino, «un vecino voluntario», declara, se encarga de cuidar Iglesias. «Estamos ya un poco torpes y nos ayudamos para subir a una escalera o hacer otras cosas», matiza Javier, mientras maneja la segadora y agradece la colaboración vecinal para que el pueblo esté «siempre» en perfecto estado de revista.

Con unos 140 empadronados, Iglesias «es un pueblo que no da mucho trabajo y todo lo que puedo hacer lo hago, no llamo a ninguna empresa», reitera este jubilado-alcalde, orgulloso de las últimas actuaciones que ha realizado, como el asfaltado de calles. «Me gustaría hacer más cosas porque es mucha la ilusión que tengo para que no desaparezca el pueblo y esto no se compensa con nada», afirma con la esperanza de volver a salir elegido, «aunque en esta ocasión, y por primera vez, hay cuatro listas», matiza Javier sin perder la sonrisa.

Estos dos alcaldes son el reflejo de otros muchos, no entienden de días, no de horarios a la hora de atender cualquier urgencia en el pueblo y confían en que el próximo día 28 este esfuerzo personal tenga su «recompensa» en las urnas y pueden culminar los proyectos que tienen para sus municipios.