Un regreso muy emotivo

J.C. MORENO / Burgos
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Dani Pendín volvía este fin de semana a Burgos, donde logró el ascenso en 2001, y lo hizo con su hijo, Julián, que nació en la capital burgalesa en mayo de 2000.

Dani Pendín, junto a su hijo Julián, frente a la Catedral durante este pasado fin de semana. - Foto: Alberto Rodrigo

En junio de 2001 el futbolista argentino Dani Pendín entraba en la historia del Burgos Club de Fútbol al marcar el gol del ascenso ante el Ourense y con 12.000 aficionados en El Plantío. Aquel tanto, aquel partido, han quedado en la retina de los aficionados más veteranos del club. Pero también para el propio jugador, que vivió aquí una de sus mejores etapas como futbolista y también como persona. En la capital burgalesa nació su primer hijo, Julián, en mayo de 2000. 23 años después, padre e hijo han regresado a tierras castellanas, han pasado el fin de semana y el padre ha podido presentar a su hijo a sus amigos, contarle todos los recuerdos, enseñarle la ciudad y llevarlo a El Plantío. 

«Tenía muchas ganas de conocer la ciudad y, pese al frío, me ha encantado, su historia, sus monumentos», declaraba Julián Pendín a las puertas de la Catedral, junto a su padre, mientras su madre y su pareja paseaban por el Espolón y el Arco de Santa María.

Hemos estado encantados estos días y hemos podido ver y estar con gente con la que no había coincidido desde aquellos años"

Horas antes habían presenciado el partido del Burgos contra el Espanyol, equipo donde Dani Pendín trabajó en el cuadro técnico de Vicente Moreno. Y en El Plantío, Dani Pendín pudo encontrarse con viejos conocidos, como Víctor Caballero. Especialmente emotivo fue el encuentro con Carmelo, el delegado de siempre. Vio el partido con Lucio, saludó a Fede Castaños, Raúl García o Félix Arnaiz, su primer entrenador aquí; y coincidió con Íñigo Arteaga, el portero del ascenso y que ahora trabaja en el conjunto periquito. Han sido cuatro días especialmente emotivos para un Dani Pendín que siempre llevará Burgos en su recuerdo.

Su historia. Actualmente vive en Jerez de la Frontera. Allí llegó en 2002 después de su tercera temporada en el Burgos, en Segunda División, y allí ha vivido lo mejor y lo peor del fútbol.

Lo que parecía un proyecto ilusionante se convirtió en una pesadilla. Fueron cuatro años en los que vivió la cara más oscura de este deporte. Pasó siete meses sin cobrar, con problemas para sacar adelante una familia donde había llegado su segundo hijo, Carolina.

Castellón fue su siguiente parada, tres años donde sus hijos se encontraron con el problema del idioma, el valenciano, algo que volvieron a vivir en Galicia, cuando fichó por el Pontevedra. Fue entonces cuando Pendín decidió poner fin a su etapa en el fútbol de élite y regresar a tierras andaluzas, al San Fernando, a un fútbol ya menos profesional y donde inició su carrera como entrenador en el juvenil del Jerez FC, otro proyecto surgido en la ciudad andaluza, y donde acabó entrenando.

Siempre he seguido al Burgos y la verdad es que lo veo muy bien. No era fácil para Bolo, pero me gusta mucho cómo juega el equipo"

Recibió entonces la llamada de Vicente Moreno, excompañero suyo en el Jerez y que se había ido a entrenar al Mallorca, en Segunda B. Jugaron el play off de ascenso contra el Mirandés y subieron a Primera División en dos años. Allí vivieron la época más dura de la pandemia, y se marcharon al Espanyol de Barcelona, con el que regresó a El Plantío a un partido de Copa ante el Burgos de Calero.

Lograron al ascenso a Primera, pero no renovaron y se marcharon a Arabia, «una experiencia peculiar, difícil sobre todo porque la familia estaba muy lejos y porque allí todo es muy complicado».

Esta temporada ficharon por el Almería, donde solo duraron siete jornadas y ahora está a la espera de un nuevo destino para la próxima campaña. Mientras ve mucho fútbol y sigue con pasión al Burgos.

«Calero tuvo mucho mérito, me alegré muchísimo del gol de Saúl. Ha llegado Bolo y no era fácil para él, pero lo está haciendo muy bien. Me gusta mucho cómo juega y creo que tiene opciones reales de meterse en el play off», asegura después de ver el partido ante el Espanyol. Y se despide, en las puertas de la Catedral, con un sí ante la pregunta si le gustaría entrenar algún día al Burgos CF.